Casi Humanas: Celos

[Dos años antes de “Del cielo al infierno”]

Yui está sirviendo en la barra. Cuando los clientes ya están servidos se entretiene limpiando la barra o comprobando las bebidas. Minami pasa detrás de la barra a reponer las bebidas que le pide Yui y de vez en cuando para por la mesa de Yuko y Atsuko a hablar.

Yui, al ver a Minami algo nerviosa por la presencia de Atsuko y sus insinuaciones no puede evitar suspirar.

-¿Qué me está pasando?- se pregunta después de suspirar- Sabes que no puedes hacer nada contra Maeda-sama…

-Maeda-sama está yendo a por todas.- le dice Yuki sentándose delante de ella pero sin llegar a tapar la escena.

-Eso parece…- responde todavía distraída.

-Pensaba que las cosas serían diferentes.- le confiesa apoyándose en la barra para poder girarse- ¿Tú no?- le mira de reojo.

-Supongo…- analiza la conversación y levanta la mirada- ¿Ka-Kashiwagi-sama?- se sorprende- ¿Qu-qué le pongo?- intenta tranquilizarse.

-Vaya…- sonríe satisfecha- Todavía te afecta mi presencia.- se gira completamente cara ella y se apoya en la barra con un codo- ¿Celosa?

-¿De qué?- intenta entenderle.

-Después de irse contigo la otra noche, ahora está coqueteando con ella.- desvía temporalmente la mirada de ella al pasar por detrás de Yui Rena- Seguro que fue una noche muy intensa.- vuelve a fijarse en Yui que está muy sonrojada- ¿He acertado?- le pregunta con tono seductor- Ponme algo cargadito.- cambia de tema al ver que ha bloqueado a la camarera.

Yui le prepara la bebida todavía nerviosa mirando de vez en cuando a Minami. “¿Qué está insinuando? Entre ella y yo no hay nada.”

-Te aconsejo que luches por lo que te pertenece.- le aconseja Yuki cogiendo la bebida que le ha servido para llevársela a una mesa que se ha quedado libre.

-No puedo competir contra ella…- suspira- Solo hay que ver como se miran… Está claro que se gustan…- mira la barra pensativa- Maldita sea. ¿Qué hago pensando en eso?- va al baño a lavarse la cara- No me puede gustar. Ella… Ella… Ella es humana y yo… puedo hacer que eso cambie sin querer… Pero Maeda-sama también.- se mira al espejo- Ella es más peligrosa que yo. Es grado tres.

-¿Por qué siempre nos encontramos aquí?- le pregunta Yuki poniéndose detrás de ella pero sin llegar a tocarle- Refleccionando, ¿eh? ¿Qué te hace dudar?- se cruza de brazos- ¿Sus miradas?- se ríe- No te das cuenta de nada.- retrocede y entra en uno de los baños que quedan libre.

-¿Por qué siempre es ella?- se lamenta saliendo del baño. Minami está en la barra. Al verle desde lejos le sonríe. Yui duda pero le devuelve la sonrisa- Supongo que con eso puedo estar bien. A ella no se lo hace.- celebra mentalmente.

-Yui-han.- le llama Minami acercándose- ¿Podemos hablar después de cerrar?

-Claro, sin problema.- le dice asintiendo.

La hora del cierre ha llegado. Las camareras abandonan el lugar a medida que terminan sus tareas. Yui termina y entra en los vestuarios pero no abre la taquilla para sacar la ropa, se sienta en el banquillo.

-Por fin solas.- dice Minami, con una risa algo nerviosa, entrando y sentándose a su lado- Parece que te llevas muy bien con Kashiwagi-san.- le comenta jugando con las manos y la mirada fija en ellas.

-Yo no diría que es así.- suspira recordando todos los momentos que ha producido, sobre todo el día que completó la última fase de verdad.

-Es difícil tratar con ella…- sigue un poco más nerviosa.

-Ma-Maeda-sama y tú…- duda Yui interrumpiendo a Minami- ¿Te gusta ella?

-¿Qué te hace pensar eso?- le pregunta sorprendida.

-No sé… Las miradas… Tu carácter cuando estás con ella…- le responde casi murmurando.

-No te voy a negar que se me ha declarado.- le confiesa sonrojada- Pero ella a mí no me gusta.

-Eso sí que no puedes negarlo.- le corta- Entre ella y tú hay algo y no hace falta estar ciega para verlo.- le explica nerviosa.

-Entendido, no te negaré que hay algo en ella que me atrae, pero no podría enamorarme de ella.- sigue Minami más seria.

-¿En serio?- se anima un poco.

-¿Dudas de mí?- sigue seria y con seguridad.

-No-no.- retira la mirada un poco incómoda levantándose y sacando la ropa.

-Es mejor irse antes de que se haga más tarde.- le advierte abriendo la taquilla pero se detiene al ver que Yui está quitándose la camisa.

-¿A qué esperas?- le pregunta al darse cuenta del detalle, mientras termina de ponerse la camisa.

-Me-me había parecido ver algo en la taquilla.- responde sonrojada empezando a desvestirse.

Yui se fija en la espalda de su jefa, en su hombro… Su cuello. Al darse cuenta, retira la mirada y, apresurada, recoge la ropa y sale del vestuario.

“¿Cuanto va a durar esto?”

—-FIN

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Deseo oculto

Capítulo 10

 

Jeremie se encontraba sentado en su escritorio mientras jugueteaba con su móvil y pensaba en los acontecimientos de esa misma mañana. Su primer impulso tras alejarse de Yumi y Aelita fué llamar a su padre para pedirle que le trasladase a aquel instituto de superdotados del que le habló un par de veces unos años atrás. No obstante, la respuesta de su progenitor fue que lo pensase bien y que esa misma tarde le diese una respuesta definitiva junto con un motivo de peso.

Por eso, la mente de Jeremie no paraba de darle vueltas a todo lo que dejaba atrás, junto con todo lo que podía conseguir si cambiase de centro. Perdería a Odd y a Ulrich, sus únicos amigos que permanecían fieles a su lado, y las matrículas de honor sin esfuerzo alguno, cosa que empezaba a aburrirle ya que no le suponía ningún reto. Lo que ganaba… Tendría mejores oportunidades en su futuro, podría estar con otros chicos que tuvieran los mismos intereses que él, las clases serían más entretenidas y, sobretodo, perdería de vista a Yumi y Aelita. Además, los gustos que compartía con sus dos amigos no eran muchos, por lo que siempre terminaba sintiéndose solo en aquel lugar.

Tras unos minutos de debate interno se levantó y llamó a su padre. Sabía que aún faltaba un par de horas para recibir su llamada. No obstante, si conocía bien a su referente paterno, sabía que no podría negarse cuando escuchara las razones de Jeremie para largarse de ese lugar.

*               *               *

¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Por qué se sentía así? ¿Qué había cambiado? Las preguntas no paraban de aparecer dentro de la mente de Milly. Hacía ya un tiempo que sus pensamientos vagaban​ entre un mar de preguntas. No obstante, desde el suceso de la escalera ese océano se había convertido en toda una tormenta marítima en la que se estaba ahogando lenta y dolorosamente. Cada vez que se decidía a acercarse a Tamiya para actuar como siempre lo hacían el cuerpo empezaba a temblarle y el pulso a acelerarse, como si el mero hecho de pensar en ella activáse una alarma en lo más profundo de su cuerpo ¿Por qué? Era Tamiya, su amiga del alma, su más fiel compañera, su camarada de entrevistas… ¿Por qué no podía acercarse a ella?

Tragó saliva con dificultad, debido al nudo de emociones que se había formado en su garganta. Lo peor de esa situación, era que al pensar en su amiga, en no volver a acercarse a ella… un terrible sentimiento de soledad y tristeza envolvía su corazón. Deambulaba por los pasillos de la academia como alma en pena, intentando, sin éxito alguno, escapar del dolor que la atenazaba. Sin rumbo, sin objetivo… sin nada que captase su atención. Escuchando las voces de los recuerdos que se hallaban impregnados en aquellas paredes, deseando que las cosas volvieran a estar como antes. Aunque una pequeña voz se oponía a aquel anhelo.

—¿Milly, qué ocurre? ¿Te encuentras bien? —La chica levantó la mirada sorprendida al no darse de la presencia de la persona. Era la señorita Meyers. Se encontraba inclinada hacia ella y le dirigía una mirada preocupada.

—Y-yo… e-estoy bien… —dijo con un hilo de voz.

—¿Segura? Tienes mala cara…

—¡S-si! —La profesora le dirigió una mirada dubitativa.

—Oye Milly… si tienes algún problema, sabes que puedes contar conmigo —le dijo con tono cálido. Milly apartó la mirada con incomodidad. No quería contarle a un adulto sus problemas. Bueno… ni a un adulto ni a nadie. —¿Es sobre Tamiya? —tanteó la mujer.

—¡¿Qué?! ¿C-cómo lo has… sabido? —Terminó la frase con un hilo de voz, maldiciendose silenciosamente por haber dejado al descubierto sus preocupaciones.

—Bueno… esque parece que desde hace unos días os habéis distanciado y me preguntaba si era debido a alguna disputa… no me gustaría que vuestra amistad se rompiera por alguna clase de malentendido… —Tras esas palabras se formó un silencio un tanto incómodo. Dana se irguió y la miró con una sonrisa llena de confianza. —Creo que todo se solucionará cuando seas más honesta con tu sentimientos y le hables con el corazón en la mano.

—¿Con el corazón en la mano? —preguntó sin llegar a entender.

—Sí. Cuando le expliques cómo te sientes.

—P-p-pero… —trató de objetar con rubor en las mejillas.

—Si lo haces, Tamiya logrará entenderte y podréis buscar el modo de solucionar vuestros problemas —explicó con voz cálida.

—Decirle lo que siento… —dijo dubitativa.

—¿Sabes? Creo que tengo el modo de ayudarte —inquirió Dana pensativa. Milly la miró con ojos brillantes. —Pero antes tendrás que hacerme un favor agregó con un guiño.

*               *               *

Los ojos de Yolanda vagaban a través del patio de la academia en busca de su objetivo mientras repasaba lo que debía hacer mentalmente. A decir verdad, el plan de Dana sobrepasaba todas y cada una de sus expectativas. Realmente, podría llegar a funcionar… algo que no se esperaba por nada del mundo.

Su mirada se posó sobre una de los muchos alumnos que habían y sin detenerse a pensar, se dirigió hacia ella.

—Señorita Diop —la llamó con tono serio. Tamiya le dirigió una mirada interrogante. —Veo que no estás haciendo nada—observó viendo que la chica no tenía nada entre las manos y se encontraba aislada de sus compañeros. —¿Me podrias ayudar en una cosa?

—Sí… —respondió dubitativamente.

—Muchas gracias. Ven, acompáñame. Te lo explicaré de camino.

La enfermera empezó a andar por la academia seguida de Tamiya, a quien le invadían los nervios por si la señorita Perraudin hacía eso para vengarse de ella por la noticia. En ningún momento había hablado con las dos mujeres sobre el altercado y si sus fuentes no le fallaban, sus instructoras habían tenido una conversación bastante grave por su jugarreta. No sería de extrañar que la señorita Perraudin tomara venganza por su “mal comportamiento”.

—Veras, debo revelar unas fotos para esta tarde, no obstante, tengo una importante reunión con la señorita Meyers dentro de cinco minutos. Debido a eso, no poseo del tiempo suficiente como para conseguirlas. ¿Podrías hacerme el favor de revelar las fotos por mí? —Le preguntó deteniéndose delante de la sala de revelado. Tamiya suspiró aliviada.

—Por supuesto señorita Perraudin. —Gracias a eso podría saldar la “deuda” que tenía con ella.

Yolanda entró en la habitación seguida por su alumna y empezó a explicarle dónde tenía el carrete y los materiales. A los pocos minutos, la puerta se abrió dejando paso a Dana y Milly.

—¡Vaya sorpresa! —exclamó la profesora. —Estaba a punto de buscarla señorita Perraudin.

—Yo iba a decir lo mismo, señorita Meyers. —Yolanda se acercó alejándose de Tamiya, que se encontraba completamente perpleja al ver a su amiga en su mismo lugar.

—Deberíamos empezar ya con la reunión antes de que se haga tarde —observó Dana mirando su reloj. —Mira, parece que tendrás compañía durante el revelado —dijo con un sonrisa traviesa volviéndose hacia la chica que se encontraba a su lado.

—Pe-pero… —empezó a decir Milly completamente perpleja.

—Os dejamos con las foto.

—Pero señorita Meyers…

—No os entretengais mucho con la tarea…

—Pero señorita…

—…y avisadnos cuando las tengáis.

—Pero yo no…

—Hasta luego.

Dana cerró la puerta dejando a Milly y Tamiya solas dentro de la habitación. Ahora todo lo que tenían que hacer era esperar a que las chicas solucionaran sus problemas.

—Se le ven las intenciones, señorita Meyers —comentó Yolanda con tono serio.

—Eso da igual. Lo importante es que ahora tendrán tiempo suficiente como para solucionar sus cosas.

—No tiene remedio… —susurró para sí misma con un suspiro cansado.

—¿Decía algo?

—Que me sigue debiendo un café. —Clavó una mirada severa en sus ojos. Dana le respondió con una mueca

—Pues entonces nuestra reunión se traslada a la cafetería— Empezó a andar captando la indirecta. No obstante, tras contar mentalmente el dinero que llevaba se detuvo y miró a su compañera dubitativamente. —Por cierto Yolanda… ¿Me invitas al café?

—Si lo hiciera, usted seguiría debiendome un café.

—¿Y si saldo la deuda con otra cosa que no sea un café? —propuso con ojos sugerentes.

—Señorita Meyers, no puede ofrecerme nada que no me vaya a dar más adelante por voluntad propia —observó con tono obvio. Ante el comentario Dana puso carita de cachorro abandonado. —Usted gana, pero deje de poner esa cara. Es docente del recinto, no una alumna más —le recordó rigurosamente. —Además, —añadió pensativa —me vendrá bien que haga todas las labores del hogar. Así podré tomarme unas bien merecidas vacaciones durante el próximo mes.

—¿Qué? Pero yo no…

—¿No ha dicho que saldaria la deuda con “otra cosa”?

—Pero yo me refería a…

—Debió haber elegido mejor sus palabras, ahora ya no hay vuelta atrás. —Tras una imperceptible sonrisa triufal, Yolanda empezó a andar seguida por una refunfuñante Dana. Sin embargo, no pudo evitar que una parte de ella se quedara en aquella sala, preguntándose cómo terminaría aquel asunto.

*               *               *

Milly se había quedado observando la puerta de la sala con la mente completamente en blanco. Esta maldita profesora se la había jugado. ¿Ahora qué podía hacer? Tenía que estar durante una hora aproximadamente asolas junto con la persona de la que estaba huyendo durante días enteros. ¿Qué podía decirle? ¿Cómo tenía que actuar? Su mente se bloqueaba cada vez que pensaba en ella, su cuerpo dejaba de reaccionar… y tampoco podía huir del lugar, ya que la profesora podría castigarla por ello.

—¿E-empezamos? —La tímida pregunta de Tamiya la sacó de sus pensamientos. No quedaba otra que afrontarla. Milly asintió casi imperceptiblemente y se acercó a su compañera con pasos dubitativos mientras ésta sumía la habitación en una luz rojiza. —Yo me encargo de los químicos y tú de los negativos… ¿e-estás de acuerdo?

—S-sí… siempre lo hemos hecho así —Mentira. Era verdad que las tareas las repartían siempre de la misma forma, pero siempre había sido entre risas y euforia por la nueva noticia. Esta vez, en cambio, difícilmente podían mirarse de reojo o compartir palabra alguna.

Empezaron a trabajar rodeadas por un silencio incómodo, el cual ninguna de las dos se atrevía a romper. En la mente de Milly surgieron las palabras de la profesora. “Hablale con el corazón en la mano”. ¿Cómo quería que hiciese eso? Era muy fácil decirlo, sin embargo, la cosa se complicaba cuando, al tratar de hacerlo, las palabras perecían antes de llegar a sus labios, el sudor frío empezaba a perlarle la piel y sus emociones jugaban con sus pensamientos, desordenándolos y rompiéndolos. ¿Por qué las cosas habían llegado a tal extremo?

Por otra parte, Tamiya le suplicaba a su mente que recordara todo aquello que había ensayado imaginando el momento en el que tendría una oportunidad de hablar con su amiga. No obstante, a pesar de todo el tiempo invertido delante del espejo, su cuerpo se negaba a funcionar. ¿Y si no debía decirle nada? ¿Y si tan sólo debía dejar pasar el suceso y hacer como si nada? Pero ya lo había intentado y su amiga siempre salía corriendo. Pero seguramente, a pesar de que Milly había intentado besarla, si le dijera lo que sentía por ella la chica no volvería a hablarle…

Mientras sus pensamientos seguían yendo y viniendo, la mente de Tamiya no pudo advertir a tiempo dónde ponía el líquido revelador, haciendo que éste se derramara encima de la mesa.

—¡Cuidado! —Tamiya despertó de su letargo justo antes de que el líquido llegara hasta la mano que tenía posada sobre la mesa, haciendo que la apartara rápidamente. —¿Pero qué haces? Sabes que tienes que tener cuidado en el revelado, los productos químicos pueden llegar a ser muy perjudiciales para la piel —Milly cogió rápidamente un trozo de papel de cocina, lo puso sobre el líquido para que no se extendiera más y se dirigió a inspeccionar a su amiga.

—Tranquila Milly, el líquido no ha llegado a tocarme —trató de calmarla tras un breve silencio en el que el corazón le dió un vuelco. Milly se separó bruscamente de su amiga al percatarse de su cercanía —¡Espera Milly! —Tamiya cogió la mano de su amiga para asegurarse de que no saliera corriendo. —Y si… nos olvidamos de lo que ocurrió en la escalera… ¿Y si hacemos como que nunca ha pasado?

“Hacer como que nunca ha pasado”. Esas palabras eran como un oasis en medio de un desierto para la joven. Poder volver a hablar con normalidad, ver una peli juntas, comer juntas, pasar los días la una con la otra como antes lo hacían. Olvidarse de las relaciones entre mujeres y seguir como siempre, como amigas de la infancia, camaradas de notícias, compañeras de la escuela… Sonaba tan bien… a la vez que vacío y solitario. Una parte de ella seguía oponiéndose ante tal idea, haciendo que todas aquellas escenas le dejaran una sensación de desdicha y oquedad en su corazón. Tenerla tan cerca, pero a la vez tan lejos… Volviendo a imponer entre las dos el muro que tembló durante el suceso de la escalera.

No. No quería volver a su antigua relación. No quería verla en la otra cama y desear con todas sus fuerzas eliminar la distancia que las separaba sin poder cumplir aquel objetivo. No quería ver cómo otra persona pretendía ocupar el lugar que solamente a ella le pertenecía. No quería ni pensar en un futuro en el que no pudiera ver aquellos ojos a través del espejo de su cuarto de baño mientras se lavaba los dientes. No quería tener el impulso de cogerle la mano y detenerse porque su relación había vuelto a eso… a simple amistad.

—No. —Tamiya la miró sobresaltada al advertir la emoción en su voz percatandose a través de la oscuridad de las lágrimas que adornaban su rostro.

—¿Qué…?

—¡No quiero! No quiero hacer como si lo de la escalera no hubiera pasado, yo quiero… —Milly suspiró profundamente antes de lanzar al aire las palabras que empezaban a quemarle por dentro. —¡Quiero terminar lo que sucedió! N-no… no quiero olvidarlo… Yo…

Los labios de Tamiya acallaron todas y cada una de las palabras que trataban de salir de la garganta de su amiga. De repente, el cuerpo de Milly se volvió frágil y débil amenazándola con dejarla caer. La joven se aferró a la camisa de su amiga que la rodeó con sus brazos, y permitió salir toda la confusión de sentimientos que la habían atormentado durante los últimos días con silenciosos sollozos.

Lentamente la calidez y la ternura de aquel abrazo apaciguó el llanto de la chica. No obstante, ninguna de las dos se atrevió a romper el afectuoso, delicado y dulce contacto, ya que esa trivial caricia era el salvavidas por el que habían implorado y combatido tanto tiempo siendo o no conscientes de ello.

*               *               *

Jeremie subió al coche al lado de su padre sin dignarse siquiera a ofrecer una mirada de despedida al lugar al que había llamado hogar durante años.

—¿Estás seguro de lo que haces? —preguntó su padre con una cariñosa sonrisa después de ponerse el cinturón.

—Sí —respondió el chico con voz cortante.

—Pues nos vamos entonces… Adiós academia Kadic, ha sido un placer internar a mi hijo dentro de estos muros.

Tras esas palabras, el coche se alejó del lugar con rapidez llevándose así uno de los alumnos más destacables que habitaron aquel edificio para siempre.

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Taboo no Iro [Sakura Haruka]

Holaaa querid@s lectores!!! ^.^Aquí os dejo un Oneshot inspirado en la canción “Taboo no Iro” de Sakura y Haruppi. En este caso he querido escribirlo de la misma forma que hice “Kinjirareta Futari” y la del “Oshibe to Meshibe…”

Disfrútenlo =3

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En el centro de la ciudad, donde se concentra la riqueza y los edificios que resaltan la grandeza de la ciudad, en una cafetería se encuentran Miyawaki Sakura y Kodama Haruka, ambas jóvenes y pertenecientes al mundo que les rodea.

Ambas charlan despreocupadamente, una frente a la otra, entre sonrisas cómplices y pequeñas caricias en sus manos que pasan desapercibidas a los ojos del resto de viandantes. En cierto momento de la conversación, Haruka sujeta la mano de su amiga, mostrándole sus sentimientos con una sonrisa. Sakura aparta la mano, con suavidad, cabizbaja, intentando ocultar su sonrojo.

-Me tengo que ir, se ha hecho tarde.- dice la más joven, levantándose todavía con la mirada sobre la mesa.

-Claro. -intenta aparentar normalidad, desviando la mirada hacia un lado, al notar la incomodidad en su amiga.

-Nos vemos. -le hace una ligera reverencia antes de alejarse del lugar, dejando a Haruka sola en la mesa.

-No lo había planeado así… -murmura mirándose la mano que ha sujetado la de su amiga hace un instante -pero he descubierto que es alguien especial. -sonríe de forma melancólica, cerrando la mano para conservar el tacto de sus manos.

 

Sakura llega a su casa y se dirige rápidamente a la habitación. Cierra la puerta, encerrando sus pensamientos con ella, y se deja caer sobre la cama.

-¿Qué ha pasado? -murmura escondiendo su rostro, todavía colorado, en la almohada -¿Por qué me siento tan confusa? -se gira un poco, quedando acostada de lado -Puede que haya sido culpa mía. -suspira y se acuesta boca arriba intentando esclarecer sus pensamientos -No lo había planeado, ya que ella es mi amiga, pero no lo he podido evitar. -se mira la mano con la que ha compartido caricias junto a Haruka en la cafetería -¿Ella sentirá lo mismo? -se cubre la cara con el brazo tras añadir una nueva duda a sus pensamientos.

Una vez su corazón ha logrado tranquilizarse, se levanta de la cama para ir a por la ropa de ir por casa. Durante el trayecto, pasa por el lado de la cómoda, donde se encuentran algunos marcos de fotos que muestran imágenes de sus seres queridos. Detiene su paso, observando una de las fotos en concreto. El marco guarda una imágen de ambas jóvenes, en una montaña durante un picnic.

-Es hermosa, una hermosa flor, la cual no puede ser tocada. -acaricia su rostro a través del cristal del marco -Es un sentimiento prohibido. -vuelve a dejar el portarretratos en su lugar.

Retoma sus pasos hacia el armario, dejando sus sentimientos junto con la fotografía.

 

Haruka llega a su casa, después de pasear un rato por la ciudad. Al entrar le recibe un jardín repleto de rosales, ya en flor. Una de las flores capta su atención. Un capullo que empieza a abrirse, por lo que todavía no es una rosa completa. Sonríe al observar la hermosa escena, y acerca la mano al tallo para cogerla.

Las prominentes espinas detienen su avance. Retira lentamente la mano, apenada.

-Si intento cogerla… -murmura acercando el dedo a una de las espinas.

Al hacer contacto, la espina le corta la piel, causándole una pequeña herida.

-Se pegarán las espinas. -levanta la mirada al cielo al recordar la sonrisa de su amiga.

Vuelve a centrar la mirada en su dedo herido, del cual sale una pequeña gota de sangre.

-Rojo, como el color taboo del amor. -lleva el dedo a su boca para lamer la sangre -Este es el límite de la frontera, entre la amistad y el amor. -Se incorpora, sin dejar de observar la rosa roja -Pero no me importa. -Sonríe siguiendo su marcha.

 

Sakura contempla su imagen reflejada en el espejo. Parece que la imagen que observa no le agrada.

-Sabes que no puede ser. -le dice a su reflejo, algo apenada -No está permitido. -murmura -No gusta. -muestra una mueca de desagrado, acompañada de dolor, mientras se mira las manos.

Vuelve a centrar la mirada en la persona que tiene en frente, que esta vez le muestra la imagen, sonriente, de Haruka.

-Lo siento. -empiezan a fluir, de sus ojos, lágrimas -No voy a poder corresponderte.

En ese momento suena el timbre. Sakura mira la puerta de su habitación, confusa, y se seca la lágrimas antes de salir para abrir.

-Hola, ¿puedo pasar? -le pregunta Haruka, cabizbaja.

Sakura asiente, sin apenas mover la cabeza, y se aparta para dejar paso a su amiga.

-¿Estás sola? -le pregunta mirando al interior de la casa.

-Mh. -vuelve a asentir, cerrando la puerta -¿Quieres tomar algo? -le pregunta tímidamente.

-Un té. -le responde con una sonrisa pícara -Te ayudo a prepararlo. -espera a que empiece a andar hacia la cocina.

Sakura prepara la tetera mientras Haruka deja un par de tazas sobre sus respectivos platitos. Después de poner la tetera a calentar, la menor de ambas va a por el azúcar. Cuando va a dejarlo sobre la bandeja, Haruka está dejando las cucharillas, ocasionando que ambas chicas queden cara a cara, bastante cerca la una de la otra. Ambas bajan la mirada, avergonzadas, hasta que algo capta la atención de Sakura.

-¿Qué te ha pasado en el dedo? -le pregunta a su amiga, sujetándole la mano.

-Ah. -se sorprende por la súbita pregunta -Me he pinchado con una rosa. -centra la mirada en Sakura.

-¿Te lo has curado bien? -le pregunta observando la tirita que cubre, más o menos, la herida -Te pondré otra tirita, ésta está arrugada.

Al terminar la frase, levanta la mirada, encontrándose con la mirada penetrante de su amiga. El contacto visual se prolonga más de lo esperado por ambas. Sakura sigue sujetando la mano de Haruka, mientras los colores empiezan a cubrir su rostro. Su timidez le hace ver más inocente de lo que es de normal, frágil. Se aferra más a esa mano que, solo con su contacto, le hace sentir feliz.

Haruka, más decidida, lentamente empieza a recorrer la distancia que les separa a ambas. Una parte de Sakura desea que la distancia se rompa más rápido, pero la otra repite las palabras que le ha dicho al espejo. La distancia es escasa, tanto que se rozan la nariz, pero Sakura sigue inmóvil. Haruka siente como su cuerpo se debilita al tener tan cerca el de la menor. Sus pulsaciones se aceleran, descompasando su respiración. Levanta la mirada, buscando los ojos de su amiga,que a pesar de ser un poco más joven, es más alta, encontrándose con sus labios. Cierra los ojos y respirara profundamente para evitar caer en la tentación que su deseo le produce.

Sakura se da cuenta del repentino cambio de actitud de Haruka y centra su atención en ella. En ese instante, Haruka vuelve a levantar la mirada, fijándola, nuevamente, en sus labios, antes de mirarle a los ojos.

-¿Cómo podemos tener cerca esos labios que se atraen? -pregunta la propietaria de la casa al darse cuenta de que ambas sienten deseo de besarse.

Sakura empieza a romper la corta distancia entre sus labios. Al ver sus intenciones, Haruka ladea un poco la cabeza, para facilitar el acceso de sus labios a su amiga.

Lentamente, sus labios hacen contacto. Este contacto provoca una pequeña corriente eléctrica, que inicia en sus labios y recorre su cuerpo entero. Sakura profundiza el beso, sorprendiendo a la mayor, quien se aleja, cuanto apenas, para poder verle a los ojos.

-¿Estará bien? -le pregunta, haciendo que sus labios se rocen al hablar a causa de la corta distancia.

-Está bien. -responde llevando una mano a su barbilla para volver a besarle.

Los nervios invaden el cuerpo de la menor, haciendo que se aparte, pero no bruscamente, sino con delicadeza.

-Lo siento. -le dice desviando la mirada, sintiéndose culpable por haber estropeado el momento.

-¿Por qué? -le pregunta confusa, fijando su mirada en sus ojos.

-Perdoname. -se disculpa por no ser capaz de entender del todo sus propias emociones.

-Está bien. -le sonríe al entender lo que le ocurre a su amiga, acercándose para abrazarle -Sentimos el mismo delito. -le susurra -Nuestra relación ha sobrepasado la línea del color del amor. -sigue con el abrazo.

-Entre estos brazos, siempre, quiero estar. -se aferra a sus brazos, refugiándose en su cuerpo.

La tetera empieza a sonar, causando un sobresalto en ambas, haciendo que se separen. Sakura se gira rápidamente, para ocultar su sonrojo, y se dirige a la tetera para parar el fuego y devolver el silencio a la cocina.

Haruka le sigue con la mirada, analiza cada gesto, cada movimiento, cada parte de su cuerpo. Cierra los ojos y vuelve a respirar profundamente. Al abrirlos se encuentra con la mirada curiosa de su amiga, quien lleva la bandeja con el té hacia el salón. Haruka le sigue, y en silencio, se sientan en el sofá para poder disfrutar de su aperitivo.

-Haruka. -rompe el silencio, suavemente -¿Quieres quedarte a dormir? -le pregunta, desviando la mirada, una vez ha captado su atención.

-Sí, claro. -gira la cabeza hacia el otro lado para ocultar su sonrojo.

 

La noche llega casi de inmediato. Después de cenar las chicas se preparan para acostarse. Como es de costumbre, desde que son pequeñas, ambas duermen en la misma cama.

En esta ocasión, están cada una a un lado de la cama, sin apenas dirigirse palabra y sin atreverse a girarse a mirar a su amiga mientras se cambia de ropa. Una vez listas, se acuestan y Sakura para la luz, haciendo que la habitación se quede a oscuras y en silencio. Esta quietud incomoda a Sakura, causándole un poco de temor, y se acerca a Haruka buscando su protección.

-Haruka. -murmura, intentando aclarar su mente -¿Crees que esto que sentimos será para siempre? -empieza a descargar las dudas de su corazón -Quiero decir, si, en el caso de que nos separasen, nos harán olvidarnos la una de la otra. -se esconde un poco debajo de las sábanas.

-Nadie puede detener los sentimientos de alguien que se ama realmente. -le responde acariciándole la mejilla para sacarla de su improvisado refugio.

-Abrazame. -le pide, tímidamente, pegándose a su cuerpo -Quiero que seamos felices. -se aferra al camisón de Haruka.

-Y lo seremos. -le da un beso en la frente -No importa lo que podamos perder por ello. -le acaricia el cabello -Quiero estar siempre a tu lado…

-Esta será nuestra promesa… -dicen ambas al mismo tiempo -Sakura/Haruka.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~FIN~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Por aquí abajo encontraréis el botón “Like” OwO No olvidéis darle clic si os ha gustado

Como no, comentad lo que os ha gustado o lo que no =) Así podré mejorar los próximos Fics ^.^

Y sobretodo, compartirlo y divulgarlo por las redes sociales y darle a “Follow” para recibir las actualizaciones al instante!!! 8)

Saludoos a tod@s nuestr@s lectorees!!!

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Majisuka Gakuen 3 Trailer

 

Aquí os dejamos el trailer de la 3ª temporada de nuestro Fanfic Majisuka Gakuen =3 . Sí, habéis leído bien, 3ª TEMPORADA \(>.<)/ !!!!

Como ya sabréis, los seguidores de este Fic,  el primer capítulo se publicará para el 3º aniversario de Unión de Poder, el 13 de Noviembre. Podéis encontrar la 1ª y la 2ª Temporadas en la pestaña Tina-Maire de nuestro menú =3

Si os gustó la primera, y cuando terminó la segunda os quedasteis con ganas de más, espero que os guste la tercera temporada de Majisuka Gakuen ^.^

 

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Casi Humanas: Instinto

[Dos años antes de “Orden Caótico”]

Shuuka va andando por la calle. Es de noche y va andando apoyándose en la pared.

-Tengo que estar lejos de Karen…- se dice a sí misma- Tengo que estar lejos…- se repite.

-Perdona.- escucha una voz a sus espaldas- ¿Te encuentras bien?- se pone delante para poder verle.

-Es mejor que no estés cerca.- intenta esquivarle pero Yurino se pone delante- Ahora mismo corres peligro.- le advierte al ver que no hace mención de moverse.

-Puedo notar que no eres una humana normal.- le confiesa- ¿Puedo hacer algo para ayudarte?

-¿Qué eres?- le mira directamente para poder verle.

-Alguien que puede ayudarte.- le responde con una sonrisa.

-Eres la amiga de Karen, ¿verdad?- le pregunta al reconocerle- ¿Ella lo sabe?

-Todavía no.- responde cabizbaja.

-¿Te importaría ir a mi casa?- le pregunta al notar más fuertes los impulsos.

Llegan a casa de las hermanas Fujii. Yurino se encarga de cargar Shuuka hasta la habitación.

-¿No está Karen?- le pregunta Yurino un poco preocupada.

-Tranquila. Ha ido a ver el espectáculo ikemen.- le responde abrazándole para que no se aparte- ¿Estás segura?- le pregunta aguantándose para no morderle.

-¿Duele?- sigue preguntando con algo de tempor.

Nota un dolor intenso en el hombro. Se tapa la boca para evitar gritar y asustar a la hermana mayor de su amiga. Poco a poco el dolor va disminuyendo y ella va relajándose. En pocos minutos Shuuka se separa de Yurino y se deja caer sobre la cama. Yurino se agacha poco a poco, sentándose en el suelo.

-Ven aquí.- le dice Shuuka- Estarás más cómoda.- le aconseja.

Yurino se acerca a gatas hasta la cama pero solo apoya la espalda.

-¿Estás bien?- le pregunta Shuuka rompiendo el silencio.

-¿Y tú?- evita responder.

-Gracias.- hace lo mismo.

-Sabía que tenías algo, pero no sabía que eras una vampiresa.- le confiesa Yurino.

-¿Cómo?- le pregunta extrañada- ¿Qué eres?- vuelve a preguntar.

-Mi padre es un hombre lobo.- le confiesa- Por ese motivo tengo los sentidos más agudos.

-Pero tú…- se extraña.

-Todavía no lo sé.- le muestra media sonrisa- Puede que me quede así. Puede que no sea tolerante a la transformación y acabe conmigo. Puede que no me pueda controlar…

-¿Cómo dejas que te muerda?- le pregunta nerviosa- ¿Y si te pasa algo?

-En un principio soy como vosotras. No tiene porqué pasar nada.- le responde restándole algo de importancia- De momento soy una humana normal con los sentidos más agudos, nada más.

-Si sabías que yo no era normal, ¿por qué no le has dicho a Karen que tú tampoco lo eres?- cambia de tema.

-Porque no sé cómo seré cuando llegue a la mayoría de edad. No quiero hacerle daño.- le responde apenada.

-¿Y qué harás cuando ese momento llegue? ¿Te apartarás de su lado sin darle ninguna explicación?- intenta hacerle entrar en razón.

-No lo sé…- suspira.

-Seguro que encontramos la manera de ayudarte.- le acaricia el hombro- No somos tan distintas.

-Vosotras sabéis como actuar. Os podéis controlar…

-No en días como hoy.- le recuerda- Me hubiese odiado a mí misma si le hubiese hecho algo a Karen.- respira hondo- Aunque se hubiese ofrecido voluntaria, como tú, me hubiese negado.

-Te entiendo.- se levanta y se sienta a su lado en la cama- Con la familia no es lo mismo. Seguro que no le hubieses hecho nada.

-Por esa misma regla de tres, tú tampoco le harás nada.- le coge la mano- Te importa demasiado para hacérselo.

(Pocos días después)

Karen y Yurino van andando por la calle. Van hablando del trabajo en la cafetería.

-Karen, yo…- rompe el pequeño silencio que se había formado- hay algo que no te he dicho de mí.- sigue hablando algo nerviosa- No soy una chica común.- juega con sus manos.

-¿Tú también?- se extraña- Pero… es de día.- sigue después de analizar la situación.

-Soy hija de un hombre lobo.- le confiesa con temor.

-¿También existen?- le pregunta emocionada- Kakoii.

-Supongo…- se rasca la nuca.

-¿Tú también te transformarás?- sigue emocionada.

-Todavía no lo sé.- le responde apenada- De normal no hay mujeres lobo…

(Durante “Orden Caótico)

Casa de Yurino. Karen se ha dormido al estar toda la noche velando por su amiga. Yurino ya ha regresado, aparentemente, a su estado humana aunque sigue teniendo más pelo. Empieza a moverse en la cama al tener molestias. Se abraza a sí misma para intentar calmarse pero no le hace efecto.

-Ka… Karen…- le llama en un suspiro por el dolor.

Karen se despierta sintiéndose muy pesada y algo mareada. Analiza a Yurino y se da cuenta de su estado.

-Yurino, ¿estás bien?- le pregunta acercándose a la cama. Le cuesta mantenerse por el mareo pero lo consigue.

Yurino le mira. Tiene los ojos con rasgos animales. Le ruge mostrando dientes caninos.

-¿Yurino?- le tiembla la voz mientras retrocede lentamente- ¿Yu…

Yurino se abalanza sobre ella. Karen consigue esquivarle aunque de forma torpe.

-Yurino… Soy yo.- le dice intentando sacar el móvil.

Yurino sigue intentando atraparla pero​ Karen consigue esquivarle de forma torpe y nerviosa intentando sacar el móvil del bolsillo.

-Yurino.- consigue sostenerle por los hombros para evitar que le muerda- Por… favor…- le suplica cansada sintiendo su aliento cerca de su rostro- Yu… Yurino…- intenta apartarle.

Yurino sigue haciendo fuerza para que no le aparte pero no para morderle. “¿Qué estás haciendo?” Se riñe Yurino. “Es tu amiga.” Se centra en la mirada de su amiga. Le muestra miedo.

-Soy yo, Yurino.- le dice despacio para evitar asustarle. Deja de ejercer fuerza pero no retira las manos de sus hombros- Soy Karen.

La mirada de Yurino cambia, se enternece. “¿Qué es ese olor?” No se mueve, mantiene su posición. Se acerca lentamente a su cuello, oliendo, haciendo contacto con la nariz. “¿Desde cuando huele tan bien?”

Karen cierra los ojos esperando a sentir dolor. Traga con fuerza al notar la caricia producida con la nariz.

“Me encanta su olor. ¿Es normal que me guste tanto?” Se centra en el cuerpo de su amiga sin dejar de oler. Bajando del cuello hasta su pecho. “No puedo evitarlo. No me puedo controlar. Necesito más de ella.” Vuelve a fijarse en Karen. Está con los ojos cerrados y algo nerviosa. “Lo siento.” Le abraza. “No estoy segura de lo que estoy haciendo. Puede que sean solo instintos… O puede que no.”

—–FIN

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Deseo oculto

Capítulo 9

 

Tamiya se despertó al escuchar el despertador de su compañera de habitación sonar. No le hizo falta ver la hora para saber que todavía quedaba un buen rato para el desayuno y que era demasiado temprano como para levantarse. Mantuvo sus ojos cerrados e intentó controlar su respiración para que Milly creyese que se encontraba dormida, luchando contra las ganas de levantarse y preguntarle por el suceso en la escalera.

Desde aquel momento, su amiga se dedicó en cuerpo y alma a evitarla. Todas las mañanas se despertaba nada más amanecer y desaparecía por el campus hasta bien entrada la noche, cuando la chica se encontraba durmiendo. Tamiya intentó hablar con ella con normalidad alguna vez, pero ésta terminaba huyendo del lugar a la primera oportunidad. Quería hablar sobre el tema, preguntarle sobre sus sentimientos y confesarle los suyos propios, sin embargo, no quería presionar a Milly ya que sabía que esa clase de temas eran difíciles de tratar para ella.

Cuando Tamiya escuchó la puerta cerrarse se incorporó sobre la cama soltando un sonoro suspiro. No entendía el comportamiento de Milly. Primero le decía que odiaba las relaciones entre chicas, después intentó besarla y ahora… tendría muchísima suerte si podría volver a hablar con ella de forma normal una vez más. ¿Qué podía hacer para tratar de solucionar la relación entre las dos?

*               *               *

Jeremie subió las escaleras de la residencia hasta llegar a la sección de chicas tratando de ser lo más silencioso y precavido que podía, para que Jim no le pillase. Profundas ojeras marcaban sus ojos ya que se había pasado toda la noche pensando en la discusión con Aelita y la conversación con Ulrich. Era verdad que su novia se había vuelto más cercana a Yumi últimamente, no obstante, Aelita no sería capaz de hacerle eso. Llegado a ésa conclusión, se dió cuenta de que la noche anterior había sido demasiado duro intentando alejarla de su amiga.

Ésa mañana decidió disculparse con Aelita concediéndole hacer alguna de las estupideces románticas que a ella le gustaban, como ver una peli, pasear por el bosque o incluso escuchar algunas de sus mezclas. Además, había hablado con la señora Hertz y le había concedido el laboratorio a su alumno más ejemplar, siempre y cuando tuviese cuidado con el material. Así que podría trabajar con material de verdad junto con Aelita durante horas. Una gran sonrisa se dibujó en su cara tras esos pensamientos mientras se detenía delante de la habitación de la chica. Puso la mano sobre el pomo y abrió la puerta con alegría.

—¡Buenos dí…! —Sus palabras se quedaron congeladas ante la imagen que se encontraba delante de él.

Yumi abrió los ojos y se incorporó con un sobresalto al escuchar el sonido de la puerta, haciendo que Aelita se despertase por el movimiento de su almohada improvisada, ya que se había pasado toda la noche con la cabeza sobre el pecho de su amiga. Las chicas vieron la cara sorprendida de Jeremie, que se había quedado bloqueado delante de tal imágen, tomando consciencia de que las palabras que Ulrich le había dicho eran completamente ciertas.

—Je-Jeremie… —acertó a decir Aelita tras el sobresalto inicial. —Yo…

—Dejalo —ordenó el chico apartando la mirada con ojos vacíos. Cerró la puerta y se marchó a paso lento.

Yumi saltó de la cama maldiciendo por lo bajo mientras buscaba su ropa, debido a que Aelita le había dejado un pijama para que durmiese más cómoda. No fué demasiado complicado, ya que la ropa se encontraba plegada sobre la silla. Miró a su amiga que no conseguía salir de sus pensamientos y le arrojó sus ropas. La muchacha salió repentinamente de su mundo al notar las prendas encima de ella.

—Vamos. No pensarás dejar las cosas así, ¿verdad? —inquirió Yumi con seriedad mientras se cambiaba lo más rápido que podía.

Aelita asintió con suavidad antes de seguir los pasos de la chica. No tardaron ni cinco minutos en cambiarse y salir corriendo en busca de Jeremie. Al verle en el pasillo de la sección de chicos, la joven de pelo rosa aceleró el paso dejando a Yumi atrás.

—Jeremie, déjame que te lo explique —suplicó la muchacha sujetando su muñeca. —Yo…

—¡Déjame en paz! —Jeremie se zafó de su agarre con un violento movimiento de brazo, dio un paso hacia la chica y la empujó haciendo que perdiera el equilibrio. Yumi llegó justo a tiempo para sujetar a la chica por detrás evitando que cayese al suelo. —Cómo te has… —escupió el chico fuera de sí. La propia ira que sentía en ese momento formaba un nudo en su garganta dificultándole el habla. —Ojalá nunca te hubiese encontrado en Lyoko —siseó con ira acercándose peligrosamente a Aelita.

Yumi se apartó de la muchacha y se impulsó hacia Jeremie agarrando el cuello de su jersey y empujándolo hasta que su espalda chocó contra la pared.

—Jeremie, no te pases —advirtió la muchacha con una serenidad amenazante. Jeremie la miró dirigiendole una sonrisa irónica.

—¿Que no me pase…? ¿Me lo dices tú a mi? —Su sonrisa se desvaneció cambiando su expresión por una dolida. —Yumi… creí que eras mi amiga… ¿Cómo has podido hacerme esto? Debí haber hecho caso a mi instinto y no dejarte entrar en el grupo…

Yumi quedó perpleja ante sus palabras. Todo lo que habían pasado juntos, todos los momentos en los que casi había perdido la vida en un ataque de XANA para salvarle, los múltiples consejos que le había dado a Aelita para que no le rompiese el corazón… ¿Era verdad que todas aquellas sonrisas compartidas, todos aquellos momentos felices fueron una mentira? ¿Simplemente había estado ahí por ser el capricho de Ulrich? Sin darse cuenta, aflojó el agarre del muchacho, quien apartó las manos de su cuello y desapareció entrando en su habitación.

—¿Vamos? —preguntó Yumi tras unos eternos segundos dirigiéndose hacia las escaleras de la residencia.

—Pero…

—Es mejor dejarle solo por el momento. Además, después de lo que ha dicho no creo que merezca que vayas detrás de él.

Las dos chicas empezaron a andar pasillo abajo en completo silencio. Aelita observaba a Yumi de reojo con preocupación, las palabras de Jeremie le habían herido más de lo que esperaba. Por suerte ella ya había escuchado frases como ésas cada vez que el chico se enfurecía y sabía que no eran ciertas. Tan solo era su modo de defenderse ante aquellas situaciones. No obstante, para Yumi había sido un duro golpe. Conocía lo suficientemente a la muchacha como para saber que nadie fuera de su familia había conseguido hacerse un hueco en su corazón, hasta que ellos llegaron.

—Lo siento… el no lo decía en serio, el solo…

—No debes disculparte y mucho menos excusar su comportamiento. Ya es mayorcito como para hacerse responsable de sus actos —cortó Yumi con seriedad. Otro silencio se volvió a formar entre las dos. —Ahora no me digas que le habías elegido a él —trató de bromear, no obstante el tono de sus palabras era seco y su sonrisa, en lugar de ser divertida, fué más bien amarga.

—Fuíste tú la que quiso que no se lo dijese porque anoche se lo demostré —siguió la broma rodeando el brazo de Yumi. El rubor invadió las mejillas de la chica mayor recordando los sucesos de anoche. —¿Acaso quieres que te lo vuelva a asegurar? —preguntó con picardía empujándola suavemente hasta acorralarla contra la pared.

Yumi trató de responder, sin embargo, su cuerpo quedó expectante a la espera de que la chica siguiera. Aelita se acercó a la muchacha hasta que la distancia entre las dos se redujera a escasos centímetros.

—¡Vaya! Me alegra ver que vuestro problema se haya solucionado tan rápido —interrumpió una intrusa con tono burlón. Aelita se separó de Yumi de un salto y las dos se quedaron mirando a la señorita Meyers con caras asustadas. “¿Cómo se ha enterado…?”. Se preguntó Aelita mientras la respuesta llegaba rápidamente a su mente. “Señorita Perraudin…” —Ahora váyanse de aquí antes de que le diga al señor Morales que hay dos chicas en la sección de chicos una de las cuales no es interna —ordenó con firmeza y seriedad.

Tras un asentimiento por parte de las dos ruborizadas chicas, salieron del edificio a paso rápido, preguntándose cómo volverían a mirar a la cara a la enfermera del colegio.

*               *               *

Yolanda cogió su bandeja repleta de comida y se dirigió hacia la mesa vacía que se encontraba destinada a los profesores. No solía desayunar en la cafetería junto con sus alumnos, sin embargo, debía terminar de revisar los preparativos para los informes médicos del próximo año. Sabía que no cometería ningún error en su tarea, sin embargo después de aquella disputa con el director debía ser más precavida que nunca y asegurarse de perfeccionar al máximo su trabajo. La enfermera tenía la sospecha de que ese hombre tenía puesto un ojo sobre ella y Dana, y que usaría cualquier excusa para despedirlas.

Cuando llegó junto a la mesa dejó la bandeja, se sentó, sacó los documentos que llevaba en la bolsa y empezó a comer mientras los revisaba concienzudamente.

—¿Trabajando desde tan temprano? —No le hizo falta levantar la vista para saber quién trataba de interrumpir su tarea. A toda respuesta, giró la hoja y empezó a leer los apuntes que había escritos en la cara trasera. —¿Sabes que el descanso también es bueno para el trabajo? —Yolanda siguió con la misma metodología. Tras unos segundos de silencio, Dana se acercó a la oreja de la mujer. —No me obligues a arrastrarte hasta el almacén de la enfermería para recordarte todo lo que hicimos anoche —le susurró con voz seductora rozando su oreja con los labios.

—Señorita Meyers, le recuerdo que nos encontramos en nuestro lugar de trabajo y que hay niños delante. Sin mencionar que el señor Delmas, nuestro jefe, siente incomodidad ante nuestra relación, sobretodo después del altercado que tuvimos con él. ¿Querría hacerme el favor de abandonar esa actitud dentro del recinto escolar? —dijo con tono profesional sin cambiar su expresión mientras se sorprendía a sí misma por su asombrosa capacidad de sobreponerse ante aquellas situaciones. A decir verdad, cada vez que Dana actuaba de esa forma, su mente amenazaba con perder el control mientras su cuerpo le pedía a gritos tener un momento íntimo con su compañera para poder volver a degustar el cuerpo del que se había hecho adicta.

—Por supuesto Señorita Perraudin. Siempre y cuando respete sus horarios de descanso —respondió imitando el mismo tono de la pregunta junto con una sonrisa burlona.

Yolanda terminó de leer pacientemente las últimas líneas de la hoja antes de apartar los apuntes de ella y mirar por primera vez a la mujer que se encontraba frente a ella. Algo le decía que sus insistencias no se debían tan sólo a cuidar de su salud. Empezó a comer manteniendo sus ojos posados sobre ella esperando a que empezara a hablar.

—Me he encontrado a Ishiyama y Stones en la residencia a punto de besarse y algo me dice que has tenido algo que ver con eso —comentó arqueando una ceja.

—Sus sospechas no son erróneas ¿Me va a castigar por eso? —inquirió con desdén.

—Siempre es un placer castigarle —concedió con una sonrisa pícara que desapareció al ver el rostro severo de la mujer. —No, vengo a proponerle una cosa. Mira eso —dijo mientras se sentaba al lado de Yolanda y señalaba un punto de la sala con un ligero movimiento de cabeza. La enfermera miró a la solitaria chica que comía en una mesa apartada. Se trataba de Tamiya Diop, una de las alumnas que hizo pública su relación y que, por tanto, causó el altercado con el director. —¿No ves algo diferente? Siempre va con su amiga, pero ahora está completamente sola. —Yolanda apartó la mirada de la chica y volvió a centrarla en su comida esperando a que la profesora siguiera hablando. —¿Habrá sucedido algo entre ellas?

—Disculpe, señorita Meyers, pero agradecería que fuera directamente al grano —cortó la enfermera intuyendo hacia dónde se dirigía la conversación. Dana le mostró una enigmática sonrisa antes de seguir hablando.

—¡Qué impaciente! —comentó ante la actitud de su compañera. Al ver que su observación no tenía respuesta siguió con su explicación empleando un tono serio llegando a sonar un tanto preocupado.— Desde que conozco a esas chicas nunca las he visto solas, siempre estaban la una junto a la otra. Y no sólo eso, cada vez que veía cómo se miraban, cómo actuaban la una con la otra podía ver que el cariño que sentían iba más allá de la simple amistad. —Yolanda le dirigió una mirada sorprendida. Conocía el carácter observador de la mujer, no obstante, había veces en las que se sorprendía de lo lejos que era capaz de llegar. —Cuando las vi escondidas en el callejón el día en el que fuímos al cine me alegré porque pensé que por fin habían decidido ser fieles a lo que sentían la una por la otra. Sin embargo, desde ese día su comportamiento cambió repentinamente llegando a mostrar incomodidad cuando estaban juntas, por lo que me preocupé y empecé a fijarme más en ellas… Hasta que el otro día, mientras buscaba a Jim en la sección de hombres en la residencia, no pude evitar escuchar cómo discutían…

—¿Sabe? A veces me sorprende hasta dónde puede llegar su capacidad de observación —cortó Yolanda con el ceño levemente fruncido, adivinando lo que seguía después. —No obstante, esa cualidad no le da el derecho a espiar a los alumnos y aún menos a inmiscuirse en sus vidas privadas. Eres una profesora de la academia, y como tal, su trabajo es velar por la salud de sus alumnos. No debe hacer ni más ni menos.

—¡Pero Yolanda, esas chicas se quieren! Además tú te metiste en las vidas privadas de Yumi y Aelita ¿Por qué no puedo hacer lo mismo que tú?

—No niego que ese sentimiento exista, no obstante no es la misma situación que con las otras chicas. Con ellas fué un momento casual y simplemente les di un par de consejos. Como persona docente no debe hacer más y sé que usted sobrepasaría esa línea. Siento decirle que ese sentimiento no le incumbe y que respecto a sus alumnos, debe ceñirse única y exclusivamente a su trabajo, que es enseñar matemáticas.

—Yolanda —empezó a decir mirándola fijamente a los ojos mientras le cogía la mano disimuladamente, —por favor… estos chicos viven aquí dentro. No tienen padres que estén pendientes de ellos y que les aconsejen cada vez que las cosas vayan mal. ¿Te acuerdas antes de empezar a salir juntas? Era un mundo nuevo y confuso, tenías unos sentimientos que a ojos de la sociedad no debías tener. A parte de todas las preocupaciones que tiene una persona de esa edad: los cambios hormonales, las aceptaciones de grupo, el instituto… ¿Qué hubiera pasado si todo eso lo hubieras enfrentado sin tener el apoyo de nadie? Sin nadie que te pudiese aconsejar, sin ningún hombro en el que poder llorar… incluso sin nadie que pudiera solamente escucharte. —Yolanda recordó la confusión de aquella época, sabía que Dana tenía razón. No obstante, la situación con el director no era la adecuada como para actuar de esa forma. La profesora leyó las objeciones que su mente planteaba a través de sus ojos y optó por cambiar de estrategia. —Por otra parte, si esos alumnos nos tienen como única referencia quiere decir que debemos asumir parte del papel de madre. Por lo que tomar cartas en el asunto, siempre que no exceda el papel de docente, en caso de ser necesario queda incluído en nuestro trabajo. El señor Delmas lo querría así… —apuntó mirando a la mujer de reojo mientras le daba un sorbo al café de su compañera.

—Sus argumentos son buenos… —convino pensativa. Dana sonrió triunfante. —Sin embargo, deberá prometerme que haga lo que haga, será con discreción y no causará ninguna clase de molestia tanto a las alumnas como al director.

—Tranquila, ya tengo pensado todo lo que tenemos que hacer.

—¿Tenemos? —preguntó con escepticismo.

—¡Por supuesto!

—No.

—¿Qué? Pero si acabas de decir…

—Le he dado mi visto bueno a su propuesta. No obstante, en ningún momento le he dicho que podía contar con mi colaboración.

—Venga Yolanda…

—No

—Por favor…

—No

—¿Y si…?

—No. Me niego a colaborar en sus planes.

—Si me ayudas… —empezó a hablar acercándose peligrosamente a ella con tono seductor, —prometo que te recompensaré —susurró en su oído posando una mano discretamente sobre su muslo y ofreciéndole una carícia traviesa.

—Está bien, usted gana… —cedió tras un suspiro de exasperación mientras cogía sus papeles y volvía a revisarlos.

—¡Eeeh! ¿Qué haces? Me habías prometido… —se quejó con los mofletes hinchados.

—Ha sido usted quien ha roto su promesa. Y por cierto… me debe un café —añadió indiferente viendo que la mujer se había terminado el café sin darse cuenta.

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Orden Caótico Epílogo

——AKB48/ Nogizaka46/ E-Girls

Casa de Jurina. En la habitación, acostadas sobre la cama, abrazadas, están la propietaria y Mayu.

-Jurina,- rompe el silencio Mayu acariciando los brazos que rodean su cuerpo- tengo que decirte algo.- suspira antes soltarse del abrazo para poder sentarse.

Jurina le mira expectante y se incorpora para quedar a su altura.

-Hay algo de mí que no sabes.- sigue Mayu retirando la mirada de la menor- Algo que no te he contado…

-Yo…- intenta interrumpir Jurina.

-¿Recuerdas lo que pasó en la cafetería?- le pregunta clavando la mirada en ella.

-Sobre eso, yo…- Jurina retira la mirada con algo de arrepentimiento.

-No te sientas culpable.- se acerca a ella y le acaricia la mejilla- Me ayudaste a ser lo que realmente soy.- apoya su frente en la de Jurina- Me gustaría que no te asustases.- cierra los ojos para poder sentir su contacto.

-Soy una bruja.- interrumpe Jurina sin cambiar su posición.

-Y yo una vampiresa.- se ríe Mayu poniendo distancia entre ambas.

-¿Qué?- se sorprende- Me estás tomando el pelo porque no te lo crees, ¿verdad?- se ofusca un poco y se aparta.

-Es en serio.- le muestra una sonrisa sincera- Aunque, no sé por qué, no tengo la necesidad de beber sangre.- le explica.

-¿Es en serio?- se sorprende- ¿No me estás tomando el pelo?

-Es tan en serio como que sé que no me estás mintiendo.- le vuelve a acariciar la mejilla- Sabía que tenías algo, aunque no sabía el qué. Me alegra no ser la rara de la relación.- le coge de la mano- Una bruja, ¿eh? No estaba segura de si existían o no.

-Es lo que me dijo Takahashi-san.- le responde encogiéndose de hombros- Ella dice que es una humana normal pero… no estoy segura de eso.- le mira interrogante.

-Humana es.- le afirma de forma neutra.

-Tendré que creérmelo.- desiste- Una vampiresa, ¿eh?- le mira con mirada seductora- Me gusta.- rompe la distancia entre ambas con un beso hambriento.

——-

Casa de Ikoma. Nanase está acostada en la cama, durmiendo, mientras Rina está haciendo las tareas de la casa con todas las cortinas echadas. Al pasar por delante del espejo del baño se detiene y suspira.

-Me ha dejado marca.- suspira tocándose el hombro- Se nota que no suele hacerlo…

-¿Y ese suspiro?- irrumpe la voz cansada de Nanase en el baño- ¿Te duele?- le abraza por la espalda y le da un beso en la herida a través de la camiseta. Rina niega sonrojada- Gracias.- estrecha más el abrazo.

-Para eso estoy aquí.- le acaricia los brazos.

——

Cafetería de Anna. 16:30. Al estar próxima la hora del cierre no hay nadie. Mina y Aki están limpiando las mesas mientras Haruna se encarga de la barra. Anna sale de hacer el recuento en el almacén y se dirige a hacer el de la caja.

Rina entra en la cafetería. Saluda a las camareras y se dirige a la barra cerca de la caja. Antes de sentarse saluda a Haruna.

-Hola.- saluda a Anna acomodándose- ¿Volvemos juntas?- le pregunta apoyándose en la barra fingiendo ser ikemen.

-Si te esperas…- se sube un poco en la barra para darle un beso.

Rina asiente sonrojada al saber que las camareras les han visto.

-Yo me voy ya.- dice Haruna guardando el trapo- Nos vemos mañana.- se despide antes de salir.

-Hasta mañana.- le dispiden sus compañeras.

-¿Vamos al cine?- le pregunta Anna a Rina- Yo invito.

-Nosotras también hemos terminado.- le dice Aki- ¿Te ayudamos con algo más?

-Solo queda esto.- le sonríe- Nos vemos mañana.

Las camareras se van dejando sola a la pareja. Rina le mira hacer el recuento de la caja apoyada en la barra con el codo.

-Te quiero.- le dice rompiendo el silencio.

Anna levanta la mirada del dinero y le mira entre sonrojada y divertida.

-Yo también te quiero.- vuelve a subirse un poco en la barra para besarle.

—–

Casa de las hermanas Fujii. En esta se encuentran la mayor de las hermanas y Reina. Reina sigue dormida mientras Shuuka está sentada en el suelo al lado de la cama. Le mira dormir y, de vez en cuando, la herida que horas antes le ha hecho. Por suerte ha tenido pocas necesidades de morder a alguien antes pero, por ese motivo, es casi inexperta por lo que su marca es más visible de lo que debería.

-No debería haberlo hecho…- se lamenta en voz baja incorporándose un poco para estar más cerca de Reina- Se va a quedar marca.- suspira y apoya su frente sobre la de la chica dormida- Siento que hayas tenido que ser tú.- le susurra a escasos centímetros de sus labios al no cambiar su posición.

Reina abre los ojos al sentir el contacto. Ve el rostro de Shuuka muy cerca del suyo. Está con los ojos cerrados pero aun así puede ver que está triste. Reina levanta la mano y la deposita sobre el rostro de la vampiresa.

-He sido yo quien se ha ofrecido.- le habla bajo para no romper la tranquilidad de la habitación- No tienes que disculparte.- rompe el contacto de sus frentes para besar la de Shuuka.

-Pero te quedará marca.- sigue lamentándose con los ojos algo llorosos.

-Me advertiste de tu falta de experiencia.- le hace un gesto para que se tumbe a su lado- Yo he querido correr el riesgo y no me arrepiento de ello.

Shuuka se tumba a su lado y se deja abrazar por Reina.

-Tú has velado por mi seguridad, yo tengo que hacer lo mismo.- vuelve a besarle en la cabeza- ¿Qué haría si te pasase algo?- estrecha más el abrazo- Y más con algo con lo que podría ayudarte… No podría perdonármelo…- se le quiebra un poco la voz- Gracias por confiar en mí.

-Te quiero.- le dice Shuuka saliendo un poco de la protección de los brazos de Reina.

——

Casa de Yurino. Karen se ha dormido al estar toda la noche velando por su amiga. Yurino ya ha regresado, aparentemente, a su estado humana aunque sigue teniendo más pelo. Empieza a moverse en la cama al tener molestias. Se abraza a sí misma para intentar calmarse pero no le hace efecto.

-Ka… Karen…- le llama en un suspiro por el dolor.

Karen se despierta sintiéndose muy pesada y algo mareada. Analiza a Yurino y se da cuenta de su estado.

-Yurino, ¿estás bien?- le pregunta acercándose a la cama. Le cuesta mantenerse por el mareo pero lo consigue.

Yurino le mira. Tiene los ojos con rasgos animales. Le ruge mostrando dientes caninos.

-¿Yurino?- le tiembla la voz mientras retrocede lentamente- ¿Yu…

Yurino se abalanza sobre ella. Karen consigue esquivarle aunque de forma torpe.

-Yurino… Soy yo.- le dice intentando sacar el móvil.

Yurino sigue intentando atraparla pero​ Karen consigue esquivarle de forma torpe y nerviosa intentando sacar el móvil del bolsillo.

-Yurino.- consigue sostenerle por los hombros para evitar que le muerda- Por… favor…- le suplica cansada sintiendo su aliento cerca de su rostro- Yu… Yurino…- intenta apartarle.

Yurino sigue haciendo fuerza para que no le aparte pero no para morderle. Karen se da cuenta pero no deja de ejercer fuerza mientras abre los ojos que había cerrado por el miedo.

Ve a Yurino todavía enseñándole los dientes, caninos de la transformación, mirándole fijamente a los ojos.

-Soy yo, Yurino.- le dice despacio para evitar asustarle. Deja de ejercer fuerza pero no retira las manos de sus hombros- Soy Karen.

La mirada de Yurino cambia, se enternece. No se mueve, mantiene su posición. Se acerca lentamente a su cuello, oliendo, haciendo contacto con la nariz. Karen cierra los ojos esperando a sentir dolor. Traga con fuerza al notar la caricia producida con la nariz.

——

Casa de Mai. Con ella está Sayuri, durmiendo. Mai mira la pantalla del móvil con el contacto de Nanase. Suspira y pasa el dedo por encima de su nombre para llamar.

Moshi moshi, Nanase desu.- responde a la segunda señal.

Ohayou, Nanase. ¿Cómo estás?- le pregunta con la voz algo cansada.

Ya estoy mucho mejor. Rina me ha ayudado.- suena algo animada- ¿Va todo bien?– le pregunta por el tono de voz.

-Estaba algo preocupada.- le confiesa- Ahora que sé que estás mejor estoy más tranquila.- muestra una sonrisa triste.

Gracias por preocuparte por mí.- le dice con tono dulce.

-Sabes que estoy aquí para lo que necesites, ¿verdad?- rompe el silencio que se había formado.

Lo sé.- sigue con el mismo tono- Tenía pensado pasarme por el pub esta noche, ¿quedamos para ir?– le pregunta sabiendo que estará más tranquila si le ve en persona.

-Hoy trabajo.- responde después de suspirar- Me alegrará verte por allí.- le confiesa.

Nos vemos más tarde.- sigue con el tono más triste.

Matta ne.- se despide después de otro suspiro.

-Si no fuese porque estás conmigo, pensaría que estás con ella.- le dice Sayuri sentándose a su lado.

-Sabes que es…

-Como una hermana pequeña.- le interrumpe terminado su frase- Lo sé.- le da un beso en el hombro- ¿Desayunamos?- le da otro beso en los labios.

——

Casa de Yurino. Karen está sentada en una silla, sonrojada, mirando dormir a su amiga. Al haberle quitado la ropa porque le molestaba, se encuentra completamente desnuda. Sigue sintiendo las caricias que momentos antes le ha hecho, tanto con la nariz como con las manos.

-¿Por qué me siento así?- se pregunta a sí misma.

No consigue apartar la imagen de su amiga sobre ella, su mirada, su cuerpo…

-¿Qué me está pasando?- suspira.

Llaman al timbre con suavidad. Mira la hora. 18:05. Se levanta y mira quién es por la mirilla. Abre al ver que es Minami.

-¿Cómo está?- le pregunta Minami entrando.

-Se ha vuelto a dormir.- le pregunta cabizbaja para ocultar su sonrojo.

-¿Puedo verle?- le pregunta con tono profesional.

Karen asiente y le guía hasta la habitación.

-Voy a ver cómo tiene los huesos.- le dice- Pueden haberse fracturado con la transformación.- le explica.

Karen vuelve a sentarse en la silla y mira como Minami toca las articulaciones se su amiga. Se preocupa al verle seria. Minami le descubre el cuerpo, sin destapar el pecho, y le comprueba las costillas.

-Parece que está todo bien.- vuelve a taparle con la sábana- ¿Te ha hecho algo?- le pregunta sentándose en un borde de la cama.

Karen niega nerviosa.

-Eso quiere decir que las mujeres son más pacíficas.- sigue Minami más tranquila- Puede que ahora sus instintos sean más fuertes,- empieza a explicarle- por lo que actue de forma diferente. No se lo tengas en cuenta.- se levanta de la cama- No podrá contenerse.- señala la puerta- Me tengo que ir. Hablaré con ella cuando esté en condiciones. Nos vemos.- sale del apartamento.

-Instintos, ¿eh?- suspira.

—–FIN

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Deseo oculto

Capítulo 8

 

—Quedas advertida —Dijo Jeremie antes de cerrar la puerta de la habitación dejando a Aelita completamente sola.

La muchacha se sentó en la cama lentamente. Esto no podía estar pasando. ¿Cómo podía pedirle eso así de repente? ¿Qué había ocurrido?  Lo que más temía… Ahora sí que tenía que hacerle daño a alguno de los dos. ¿Por qué pasaba esto?

Una red de confusión se desató dentro de su mente haciendo que todo su cuerpo empezase a temblar. La desesperación empezó a apoderarse de ella ante la incapacidad de decisión. ¿Qué sería de ella sin Jeremie? El temor ante un futuro diferente, desconocido, atenazaba su corazón, convirtiéndolo en cadenas que la aprisionaban. Se sentía acorralada en un laberinto en el que se le negaba toda libertad para escoger un camino en el que Jeremie no se encontraba junto a ella. No obstante, una pequeña voz en lo más profundo ser le gritaba incitándola a romper aquellas cadenas oxidadas y desvencijadas, a introducirse en lo ignorado hasta el momento, a irse con aquella persona que realmente la hacía feliz. Una voz que cuestionaba las decisiones del chico, furiosa ante las palabras que escuchó minutos antes.

La música empezó a sonar en su móvil sorprendiéndola y sacándola a la fuerza de la compleja trama de pensamientos que la engullía. Cogió el aparato y descolgó antes de situarlo junto a su oreja.

—¿Si? ¿Quién és?

—Soy Yumi… —El tono de su voz era apagado llegando a sonar abatida. —Quiero disculparme por lo de antes. Yo…

—Yumi, no sigas. —Aelita sentía que no podía seguir escuchándola. Sabía cuán orgullosa era esa chica, ¿por qué se disculpaba entonces? —Por favor… —Las lágrimas acudieron a sus ojos vencida por el mar de emociones que sentía en aquellos momentos.

—¿Aelita, que te ocurre? —preguntó Yumi al captar la emoción en su voz.

Aelita respiró hondo un par de veces buscando aquella fuerza y aquel valor que le permitieran romper la prisión en la que encarcelaba su libertad. Sin embargo, no encontró nada en su interior que le diese la suficiente confianza.

—Yumi… yo… —Las palabras no acudían a sus labios. —¿Puedo pedirte un favor?

—S-si…

—No vuelvas a acercarte a mí… por favor…

Aelita despegó el teléfono de su oído y finalizó la llamada en el momento en el que Yumi respondía a su petición sin llegar a saber si la muchacha accedería. No obstante, no tuvo el valor de escuchar su voz ante aquellas palabras.

La joven apartó el móvil de ella odiándose a sí misma por su cobardía y se dejó caer sobre la cama sin fuerzas ni para desahogar todo lo que pasaba por su mente en esos momentos.

*               *               *

Yumi arrojó el móvil sobre la cama furiosa. ¿Qué le ocurría? No podía estar hablando en serio. Algo le había ocurrido a su amiga. Pero decirle que no se volviera a acercar a ella…

¡No! Se negaba ante aquella posibilidad. Si se lo pedía como mínimo exigía una explicación, un por qué…

Sin pensarlo dos veces metió su peluche debajo de las sábanas por si sus padres entraban en la habitación y se escabulló de la casa sin hacer ruido. Una vez en la calle, salió corriendo dirección a la academia con una única cosa en mente: Aelita. ¿Horas antes no quería hacerle daño por nada del mundo y ahora le pedía que se alejara de ella? No hacía falta ser Sherlock Holmes para saber que algo no encajaba.

Llegó hasta las puertas del recinto, observó a su alrededor para asegurarse de que no habían ojos curiosos cerca y trepó la valla para introducirse en su interior. Cayó sobre el césped que había al lado del camino y corrió a través de los árboles para asegurarse de no ser descubierta. Cuando llegó a la residencia se detuvo pensando en cómo entrar al edificio. Si mal no recordaba, las puertas se mantenían abiertas durante la noche, sin embargo era posible que Jim la pillase mientras recorría los pasillos hasta la habitación de Aelita. Tras unos segundos sin encontrar otra vía de entrada se acercó a la entrada de la residencia y se internó lo más silenciosamente que pudo.

Llegó hasta la puerta de la habitación de Aelita y soltó un suspiro intentando liberar la tensión antes de llamar suavemente a la puerta.

—¿Qué quieres ahora? —inquirió Aelita mientras abría la puerta molesta. Sin embargo, todo su enojo desapareció al reconocer a la persona que se encontraba frente a ella, dejándola completamente paralizada.

—Yo también me alegro de verte —bromeó Yumi con una media sonrisa. —Ahora dime qué ocurre. —Su expresión cambió repentinamente ante estas palabras, mostrando tal seriedad que el corazón de Aelita dió un brinco de temor.

Sin esperar a que Aelita le cediese el paso Yumi cogió su mano y entró cerrando la puerta arrastrando a la muchacha hasta el centro de la habitación. Soltó la mano de la chica y clavó su mirada en ella cruzándose de brazos a espera de una respuesta.

La joven de pelo rosa se sentía totalmente desarmada ante la aparición de su amiga y su actitud. ¿Por qué hacía todo eso por ella cuando Jeremie solamente le ponía obstáculos a su relación? Observó a la joven delante de ella, a su cuerpo llegó el impulso de abrazarla y dejarse consolar por ella como antes, sin embargo, su mirada le imponía clavandola en el sitio, impidiendo que moviera ni un solo músculo.

—Y-yo… —Un nudo de emociones se había formado en su garganta impidiendo que las palabras salieran. Tragó saliva con dificultad. ¿Qué podía decirle?

—Ha sido Jeremie, ¿verdad? —adivinó Yumi sin esfuerzo. —¿Qué te ha dicho para que te comportes así? —Su mirada era dura, pero lo que más le dolía a Aelita era ése brillo de decepción que sólo ella era capaz de ver.

—Ha llegado a mi cuarto y ha empezado a gritarme. —Las lágrimas empezaron a desbordarse de los ojos de la muchacha. —No entendía por qué estaba así ni que me decía, hasta que me ha dicho que si volvía a vernos juntas que no volviera a acercarme a él. Yo no… no quería apartarme de ti… Yo no… —Los sollozos interrumpieron sus palabras. Agachó la cabeza y se limitó a limpiarse las lágrimas como pudo.

—¿Entonces le has escogido a él? —Su voz estaba plagada de dolor. Aelita levantó la mirada sorprendida ante sus palabras. Sus ojos se encontraban clavados en el suelo e hizo ademán de salir de la habitación.

—¡No Yumi! Yo solo… —empezó a explicar desesperada. —Tenía miedo, ha sido muy repentino. Me has llamado nada más se ha ido, no sabía qué hacer… yo…

—Aelita. —Yumi clavó su mirada en ella. —Jeremie te ha pedido que elijas y tú has dado tu respuesta. Yo ya no tengo nada que hacer aquí. —Su voz se convirtió en un susurro.

Al ver cómo Yumi se acercaba a la puerta el cuerpo de Aelita actuó por sí solo, acercándose a la muchacha, cogiéndole del brazo para que se diese la vuelta y empujándola hasta que su espalda chocó contra la pared.

—Pero qu… —Los lábios de Aelita detuvieron sus palabras sorprendiéndola, dándole el beso más dulce que en su vida fué capaz de provar.

—Todavía no he dicho a quién elijo —susurró cerca de los labios de su amiga interrumpiendo momentáneamente el beso. Tras esas palabras volvió a arremeter contra los labios de una muy sorprendida Yumi.

Esos labios, más expertos de lo que nunca se imaginó, invadieron el cuerpo de Yumi de calidez y dulzura, a la vez que deseo. Sin siquiera imaginarse en evitarlo, rodeó la cintura de Aelita atrayéndola más hacia ella para notar su cuerpo aún más y profundizó el beso. El sabor de aquella boca empezó a sacar a la superficie la pasión que había mantenido oculta durante tanto tiempo. Sus manos subieron hasta sus hombros y empujó a Aelita, deteniendo el beso, hasta situarla sobre la cama.

Se puso encima de la joven y volvió a besarla, no obstante, esta vez lentamente, degustando poco a poco el sabor de sus labios, dejando que las sensaciones la envolviésen sin ninguna clase de prisa. Porque en esos momentos, Aelita era solamente suya…

Interrumpió el beso, y se dedicó a mirar a la chica que se encontraba debajo de ella observándola expectante, mientras recorría su brazo con la yema de los dedos. Dedicó unos minutos en admirar y saborear todas y cada una de las facciones de la chica que se situaba debajo de ella. En ese instante se dió cuenta de que Aelita tan sólo llevaba un camisón y que en ningún momento había notado el incómodo elástico que debía encontrarse en su espalda, lo que hizo que un escalofrío de emoción recorriese su espina dorsal.

Ante la imponente observación de la chica, Aelita empezó a notar cómo un pequeño temblor se adueñaba de ella. Provocado por la intimidante mirada de sus ojos rasgados o por el simple anhelo de que la chica continuase, los latidos de su corazón aumentaron notoriamente. Ante aquellas sensaciones, la muchacha le dirigió una mirada suplicante. No obstante, al ver que no hacía mella en el comportamiento de Yumi, utilizó todo su valor para ordenar a su cuerpo moverse a pesar de las dudas que la atormentaban.

Levantó una mano vacilante para apartar un mechón de pelo de Yumi y aprovechar la oportunidad para acariciar con la yema de los dedos el contorno de su rostro. ¿Y si no lo hago bien? ¿Y si se burla por mi inexperiencia? ¿Y si…? Yumi advirtió la duda en los ojos de su amiga y al notar la suave y dulce caricia, cerró los ojos disfrutando del contacto e intentando hacerle ver que podía hacer con ella tanto como quisiera.

El delicado roce de la mejilla bajó hasta el cuello de Yumi haciendo que su piel se erizara al paso de sus dedos. Al llegar al borde del cuello de su jersey negro vió cómo la chica liberaba un casi imperceptible suspiro que llenó a Aelita de valor. Apartó la mano y la situó en su espalda (aprovechando que la prenda superior era corta y dejaba al aire su barriga) acariciándola con los dedos y las uñas.

Yumi se acercó a la chica y volvió a besarla pausadamente antes de descender hasta la fina capa de piel que cubría su cuello. Cómo Aelita la seguía con la mirada y no tenía espacio para jugar libremente, cogió su pelo por la parte posterior de su cabeza y tiró suave pero firmemente de él haciendo que la chica echara la cabeza hacia atrás. Aprovechando el nuevo espacio acarició con sus lábios y con sus dientes la piel. Tras ese delicado a la vez que tosco contacto un suave gemido salió de los labios de la chica a la vez que hacía más presión con sus uñas en el recorrido por sus lumbares.

Yumi separó su boca de la chica y empezó a recorrer con su mano a la chica, desde su pelo hasta situarla entre sus dos pechos. A su vez, Aelita metió la mano debajo de su jersey recorriendo el elástico de su top rozando sin querer la piel que éste guardaba. En efecto, no había ninguna prenda debajo del camisón de la menor.

Una oleada de agitación acometió contra la serenidad de Yumi, que cogió en un arrebato las manos de la chica sujetándolas por encima de su cabeza. Se acercó a los labios de la chica y empezó a darle rudos besos, investigando y saboreando con su lengua el interior de la boca de la chica mientras con una mano sujetaba sus muñecas para recorrer con desenfreno su cuerpo con la otra.

Colocó su rodilla entre las piernas de la chica para tener mejor acceso con la mano a su pierna. Detuvo los besos para morder con picardía el cuello de la chica. Puso su mano en el muslo de la chica y empezó a ascender levantando al mismo tiempo el borde de su camisón. Sin ser consciente y sin poder detenerlo, un gemido salió de los lábios de Aelita, con suficiente como para haber despertado a las alumnas que dormían en las habitaciones que le rodeaban.

Yumi siguió con sus juguetonas y fogosas caricias y mordiscos con más ímpetu al escuchar el delicioso ruido de placer que las acompañaban. No obstante, Aelita entro en sí al advertir la luz que se asomaba por la parte de abajo de su puerta.

—Y-Yumi… —la llamó con voz temblorosa. Al ver que la chica no detenía sus lujuriosas acciones, tentandola a dejarse llevar por la pasión, trató de soltarse de su agarre o separarse de ella. Con esfuerzo, pudo liberar una de sus manos y separar a la chica con más brusquedad de la que habría querido. —¡Yumi!

—¿Qué pasa? —preguntó la chica como si saliese de un sueño mientras trataba de recuperar el aliento. Miró en la misma dirección que Aelita y su rostro palideció ante la idea que surgió en su mente. —¡Mierda, Jim!

La chica se levantó buscando algún sitio dónde esconderse escuchando desde la lejanía los pesados pasos de su profesor de educación física. Debajo de la cama habían cajas de cartón, en el armario no había suficiente espacio, en el escritorio sería demasiado visible. Al ver la sombra de los pies delante de la puerta Yumi se colocó a su lado pegada a la pared, de forma en que la propia puerta la cubriera. Jim abrió la puerta mientras Yumi rezaba al más poderoso de los dioses para que no la golpeara con ésta ni se diese cuenta de dónde estaba.

—¡¿Stones, qué son esos gritos?! —demandó el profesor.

—Y-yo… he te-tenido una pe-pesadilla Jim… —anunció la chica con voz temblorosa.

El profesor observó a la sofocada chica delante de él recordando los múltiples episodios de malos sueños que atormentaron a la joven tiempo atrás, interrumpiendo su descanso y el de sus compañeras en más de una ocasión.

—Esta bien… ahora vuelve a la cama.— Detrás de su orden Aelita advirtió un deje de cariño en sus palabras.

El profesor se fué cerrando la puerta tras de sí. Aelita y Yumi no osaron mover un solo músculo hasta que sus pasos se perdieron en la distancia y la luz del pasillo se apagó.

—E-esto… y-yo debería irme ya —tartamudeó Yumi sin mirar a Aelita directamente. Agradeció la oscuridad de la habitación ya que así podía esconder el intenso rubor que seguramente habitaba en sus mejillas.

—Espera Yumi… ¿no… no quieres saber a quién elijo?

—Creo que ya me lo has dejado claro —intentó bromear la chica, no obstante, su voz sonó demasiado nerviosa. La chica se acercó a la puerta de la habitación.

—Yumi —volvió a llamarla Aelita.— Esto… Jim est… —Sus palabras se perdieron de sus labios al ver como la chica la observaba haciendo que aumentaran sus nervios.

—¿Qué pasa con Jim? —preguntó animando a la chica a seguir.

—P-pues… que estará despierto… y tu… quiero decir… ¿no deberías no salir… ahora? —explicó torpemente.

—¿Me estas invitando a pasar la noche contigo?

—No… es solo… que… —Aelita suspiró tratando de apaciguar los latidos de su corazón. —Sí, creo que sería… lo mejor.

Yumi sonrió embriagada por su tierno comportamiento y se acercó hacia ella. Puso su mano en la barbilla de la chica y le levantó el rostro para que la mirase a los ojos.

—Será un placer —susurró mirándola directamente a los ojos.

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Orden Caótico 10/10

—–AKB48/ Nogizaka46/ E-girls

Mina y Kumi van andando por las calles de vuelta a casa. Van animadas después de una noche de fiesta.

-¿No tendrás problemas por acostarte tan tarde?- le pregunta Mina un poco preocupada.

-¿Por qué debería tenerlos?- le pregunta algo confundida.

-¿No tienes que ir por la mañana a servirle a tu dueña?- ahora ella también está confusa.

-Quería decírtelo cuando llegásemos a casa pero, dado a que ha salido el tema…- habla un poco sonrojada- Ya no tengo dueña.- dice con media sonrisa.

-¿Y eso?- se sorprende.

-Ha empezado a salir con alguien y le puede ayudar con su problema.- le responde más sonrojada.

-Entonces, ¿eres libre?- sigue preguntando porque no se lo cree.

-Seguiré trabajado para ella hasta que encuentre otro empleo para poder cubrir los gastos del apartamento.- le explica con algo de temor.

-¿Los gastos?- pregunta pensativa- ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo?- le pregunta esperanzada- Así no tendrás el gasto del alquiler.

-No quiero ser una carga.- le dice cogiéndole las manos para pararle- Quiero tener mi propia economía.

-Pues, cuando encuentres un trabajo mejor, me ayudarás con el alquiler.- le besa las manos- Quiero que empecemos a vivir juntas. Independientemente de los gasto, de quien trabaje o no, solo quiero estar contigo.

—–

Casa de Minami y Anna. La casa está silenciosa sobre no estar vacía. Anna y Rina descansan en la cama de la menor de las propietarias. Rina está completamente acostada mientras que Anna está un poco incorporada para poder verle mejor.

-Ya no tengo miedo de hacerte daño.- le dice Anna acariciándole la mejilla- Me alegra que me convencieras para volverlo a intentar. Yo tampoco sabría qué hacer sin ti.- le dice a sabiendas que está dormida- Te quiero.- le da un beso muy superficial en los labios.

Mira el cuerpo dormido de su pareja. Se centra en su cuello, sus hombros, libres de señales que le indiquen que se ha pasado, verificando que no le ha hecho daño, que se ha podido controlar.

-Yo también te quiero.- le responde Rina desperezándose con una sonrisa- Sabía que podrías.- se acerca más a ella para cubrirse con su cuerpo.

Anna le abraza y le da un beso en la cabeza antes de acomodarse a su lado.

—–

Ikoma y Nanase van andando por la calle de manera algo torpe por el estado de la vampiresa. Torpemente consiguen entrar en casa de la cazadora.

-No puedo más…- se queja Nanase arrinconando a Rina contra la pared. Al verle asustada se aparta de forma apresurada.

-Vamos a mi habitación, estaremos más cómodas.- le aconseja intentando aparentar estar tranquila. Es verdad que no va a ser la primera vez que beben de ella pero sí que será la primera vez de Nanase.

Mientras entra en la habitación, seguida de Nanase, se quita la camisa para que sea más cómodo para ambas.

-Gracias.- le agradece Nanase abrazándole por la espalda antes de morderle.

Rina se tensa por el dolor que poco a poco va disminuyendo. Se mantiene alerta porque sabe que Nanase está muy mal y podría descontrolarse. Nanase va llevándole poco a poco a la cama.

-Nanase.- le llama Rina preocupándose- Contrólate.- impide caer para dejarle el control a Nanase- Nanase.- le vuelve a llamar al ver que se ha detenido- ¿Estás mejor?- le pregunta girándose al ver que ha soltado el abrazo.

-Lo siento.- se disculpa cabizbaja- No sé qué me ha pasado.- habla nerviosa.

-Tranquila, te has sabido controlar.- le acaricia las mejillas con ambas manos.

—–

Karen y Yurino están fuera en el callejón. Yurino está apoyada en la pared al estar un poco mareada. Mio llega con una botella de agua.

-Ten,- se la ofrece a Yurino- bebe un poco.

Entre Karen y Mio sientan a Yurino apoyada en la pared.

-Ya me encuentro algo mejor.- dice Yurino sonriéndole- Puedes volver.- le dice a Mio.

-Ya ha venido Ruri.- le dice agachándose a su lado.

-Yo me encargo de ella, tranquila.- le dice Karen animándole para que se levante.

-Si necesitas ayuda o cualquier otra cosa,- dice Mio preocupada- sabes donde encontrarme.- sigue acariciándonle el brazo.

-Gracias.- le agradece con un gesto de cabeza.

-Creo que debería irme a casa.- aconseja Yurino- Creo que no es un mareo normal.

-Entonces…- repasa mentalmente toda la teoría que le ha dicho Minami unas horas antes y maldice no habérsela apuntado- ¿Qué hay que hacer en tu caso?- le pregunta al no encontrar nada sobre ella.

-Debería encerrarme.- le muestra media sonrisa- No sé cómo será.

-Voy a llamar a Takahashi-sensei.- le dice ayudándole a levantarse mientras saca el móvil- Vamos yendo.- le anima a andar- Soy Fujii Karen.- le dice a Minami desde el otro lado de la línea- Sí… Tengo un caso un tanto extraño delante de mí.- le explica mirando que no haya gente por la calle- Es una mujer lobo.- termina de decir controlando el estado de su amiga- ¿Eso cree?- le pregunta con duda- Sí, lo haré por si acaso.- sigue de forma decidida- Entendido.- cuelga el móvil.

-¿Va a venir?- le pregunta Yurino con dificultad.

-Esta va a ser mi primera práctica.- intenta sonar animada- Me ha dicho que, pase lo que pase, que le avise. Se va a mantener alerta.

——

Yuka y Tomu se han detenido en un parque. Están sentadas en los columpios. Se ha formado un silencio entre ambas pero no es incómodo.

Tomu detiene completamente su columpio y respira hondo antes de levantarse. Se pone delante de Yuka y detiene su columpio cuando se acerca. Al no ir muy rápido consigue frenarle bastante. Al no soltar las cadenas queda a una distancia bastante reducida de la menor. Ambas se miran fijamente a los ojos aunque la mirada de Yuka es algo preocupada.

-¿Qué…

Antes de que la menor terminara la pregunta, Tomu le da un beso en los labios. Es un beso casi superficial pero sin prisa.

-Llevo todo el día pensándolo…- empieza a hablar Tomu sin alejarse- Creo que ya estoy preparada.- termina de decir de forma decidida.

-¿Segura?- le pregunta seria.

-¿Parezco insegura?- le pregunta volviendo a romper la distancia entre ambas.

——

Bar de Reika. 03:20. Ya está cerrado. Solo quedan las empleadas para limpiar. Yumi está ayudando a Reika con la caja. Manatsu, Nanami y Kasumi se están encargando de las mesas y sillas mientras Sayuri y Mai se están encargando de la barra.

-Sé que está en buenas manos pero…- le dice Yumi a Reika un poco preocupada- Menos mal que Rina se ofreció a ser cazadora.- sigue después de suspirar. No puede evitar fijarse en Mai ya que es a quien más se le nota que está preocupada.

-Sabes que no tienes que preocuparte. Tú misma has dicho que está en buenas manos.- le dice casi en un susurro acariciándole la mano- Hoy parece que tardaremos en cerrar.- sigue hablando bajo mirando a sus empleadas.

Sayuri ya ha terminado de limpiar su parte y se acerca a hablar con Mai.

-Puedo hacer tu parte, si quieres.- le dice de forma comprensiva.

-Tranquila.- le sonríe y le da un beso en los labios.

-Te quedarás más tranquila si vas a verle.- le coge de la mano para que deje de limpiar.

-Tranquila.- se gira completamente quedando acorralada entre Sayuri y la barra- Puedo ir más tarde. Les dejaré tiempo.- vuelve a besarle antes de volver a darse la vuelta.

-¿Estás preocupada por eso?- le pregunta sorprendida.

-Puede.- responde después de respirar hondo.

-Ikoma-chan ha sido entrenada para eso.- le habla apoyando la cabeza en su hombro- Es lo que menos tiene que preocuparte.- le acaricia la oreja con la nariz- Si no te llaman es porque todo va bien.- le abraza por la cintura.

——-

Bar de Minami. 06:05. No hace mucho que ha cerrado. Las empleadas están limpiando para dejar el local listo para la mañana. Sumire y Yui se están encargando de las mesas mientras que Mayu se encarga de limpiar las copas y Rena la barra.

Yui le acerca a Mayu las últimas copas y vuelve a recoger las mesas. Rena termina con la barra y va a limpiar el suelo.

-Mayu-chan.- le llama Minami haciendo la revisión de la caja- Si ya has terminado,- sigue al ver que se está secando las manos- puedes irte.

-Pero…- mira confusa por el bar.

-Te está esperando Jurina-chan fuera, no le hagas esperar.- sigue Minami con una sonrisa.

Mayu se dirige al vestuario mientras sus compañeras siguen trabajando. Cuando Sumire termina con las mesas ayuda a Rena con el suelo.

-Si queréis,- dice Yui después de arreglar su parte de las mesas- puedo terminar de limpiar el suelo. No queda mucho.

-Podéis iros.- les dice Minami desde la caja sin dejar de hacer sus cuentas- No pasa nada.- les muestra una sonrisa.

En el momento que sale Mayu del vestuario entran Rena y Sumire.

-Me voy ya.- se despide Mayu saliendo por la puerta de atrás.

-Hasta mañana.- se despiden Minami y Yui.

En el callejón, apoyada en la pared, le está esperando Jurina. Al verle salir le sonríe.

-Yo…- rompe el silencio Jurina sin dejar de andar- Hay algo que quería decirte.- habla un poco nerviosa- O puede que quiera preguntarte…- duda por los nervios- Esque…- mira a Mayu a los ojos impidiendo que siga andando- No estoy segura de la relación que tenemos. Así que…- mira por la calle antes de volver a mirarle a los ojos- ¿quieres salir conmigo?- le pregunta con decisión.

-¿Salir?- le pregunta confusa- Pensaba que…- se sonroja y retira la mirada- Pensaba que ya estábamos saliendo…

-Pero no era oficial.- se acerca más a ella dejando una distancia de escasos centímetros- ¿Entonces?- le acaricia la mejilla.

Mayu asiente muy tímida levantando ligeramente la mirada. Jurina hace mención de besarle pero duda un momento. Mayu, al ver sus dudas, es quien rompe la escasa distancia que les separa entre sus labios.

—–

Yurino se ha conseguido calmar y ahora está dormida. Karen le mira sentada en una silla a su lado. Observa el pelo que envuelve todo su cuerpo y sus rasgos faciales cambiados, igual que sus manos y sus piernas.

-Es impresionante.- se dice bajo para no molestar a Yurino.

Yurino abre los ojos y le mira. Intenta decir algo pero la voz le sale muy bronca, como si gruñese.

-¿Estás bien?- le pregunta Karen al ver que quiere decir algo.

Yurino asiente y se incorpora un poco. Su ropa se ha rasgado al hacerse más ancha pero todavía le cubre algo de su cuerpo. Yurino se acerca Karen y le pone la mano sobre el bolsillo donde tiene el móvil.

-Tranquila, ya he avisado.- le responde con una sonrisa- Si quieres,- empieza a hablar al ver que está algo incómoda- puedo ayudarte con la ropa. Parece que te molesta.

Yurino se deja hacer. Se le ve realmente vulnerable al haber agotado toda su energía con la transformación. Karen le quita la ropa analizando todos los cambios que ha hecho el cuerpo de su amiga.

-Estás impresionante.- le halaga al verle avergonzada- ¿Quieres verte?- le pregunta ofreciéndole la mano.

Yurino le muestra una sonrisa y niega. Karen le acaricia la cara y le sonríe.

-Me quedaré aquí por si necesitas algo.- sigue acariciándole al ver a Yurino más tranquila- Te ayudaré en todo lo que haga falta.

—–

Rena se ha encontrado a Airi en la entrada del callejón. Se le ilumina la mirada el verle pero no dura mucho al ver el carácter de Airi.

-Rena, tenemos que hablar.

Estas palabras resuenan dentro de la mente de Rena. Le duele cuando el eco rebota en cada fibra del cerebro.

-Sé que últimamente he estado algo distante o, puede que, enfada.- sigue hablando Airi- Puede que te haya dado a entender que es por ti pero no tiene nada que ver con lo tuyo.- le explica poniéndose algo nerviosa- He tenido problemas con alguien del trabajo y no quería decírtelo para no preocuparte. Ahora ya está todo solucionado. Le han echado.- añade rápidamente al ver que va a decir algo- Siento haberte preocupado.- se acerca a ella para besarle.

Rena le esquiva para que no le bese.

-Deberías habérmelo dicho.- le riñe alejándose- Me has tenido preocupada.- le da la espalda empezando a andar.

-Lo siento.- le coge de la mano- No sabía cómo ibas a reaccionar y… Y…

-Si me pides ayuda, te ayudo.- le dice girándose- Si me dices que me mantenga al margen, lo haré. Pero, como mínimo, cuéntamelo. Así sé que es lo que te pasa.- le coge de las manos- Confía más en mí.

-Lo siento…- se vuelve a disculpar con los ojos llorosos.

-No estoy enfadada.- le de un beso en la cabeza- Tranquila.- le abraza.

—–

Bar de Minami. 6:20. Solo quedan Minami y Yui. Yui ya ha terminado de limpiar y contempla a Minami sacar las cuentas.

-He…- duda Yui en hablar- He dejado libre a Kumin.- sigue al ver que tenía la atención de Minami.

-¿Es por Oba-san?- le pregunta preocupada.

-Había pensado que…- empieza a hablar un poco sonrojada y en voz baja- como estoy contigo… podría no hacerme falta.- se sonroja más- Me ayudas mucho a calmar mi sed…- termina de decir casi en un murmuro.

-Me alegra escuchar eso.- le acaricia la mejilla para que le mire- Así sé que estamos bien.- dice besándole en los labios.

-No pareces muy contenta.- le dice al ver su estado de ánimo- ¿Ha pasado algo? ¿Es por la mujer lobo?

-Karen-chan me ha comentado que ya está estable… Me preocupa un poco Jurina-chan.- le responde dejando de hacer las cuentas- Ella es un descendiente de las antiguas brujas,- suspira- por eso tiene miedo de dañar a Mayu-chan…- deja una pausa- Si tiene tanto miedo de hacerle daño es por la infancia que ha tenido…- se mira las manos- No fue nada fácil.

-Creo que aquí casi nadie se salva de tener una infancia un tanto desastrosa.- le comenta cogiéndole las manos- Seguro que sabe llevarlo bien.

——

La discoteca ya ha cerrado. Reina espera en la puerta a que salga Shuuka. Sabe que tienen que hablar y no quiere perder la oportunidad.

-Ya estoy aquí.- le dice Shuuka saliendo por la puerta- ¿Vamos?- pregunta empezando a andar.

-¿Hablamos?- le pregunta Reina poniéndose a su lado- ¿Qué es lo que te pasa?- le pregunta algo preocupada.

-Es solo que…- habla cabizbaja- hay algo que no sabes de mí. Puede que… debería habértelo dicho antes pero… tampoco sabía cómo te lo vas a tomar.- sigue hablando sin frenar su marcha. Se ha hecho tarde y no puede perder mucho tiempo- Puede que pienses que te estoy tomando el pelo. También que puede ser un impedimento en nuestra relación.- habla cada vez más rápido- Pero hemos estado bien juntas hasta ahora, por lo que no es un impedimento…

-¿Qué pasa?- le interrumpe al verle tan nerviosa.

-Soy…- detiene la marcha para poder mirarle a los ojos- Soy una vampiresa. Por eso trabajo por las noches y no salgo de día.- mira el cielo- Mientras esté amaneciendo no pasa nada, pero mucha exposición al sol me quema la piel.- vuelve a hablar de forma apresurada al ver la falta de expresión de Reina- En ocasiones, como la de hoy, necesito beber algo de sangre, por eso he estado tratando de evitarte.

-¿Cómo?- consigue articular- Me estabas evitando… ¿por qué?- intenta entenderle.

-Hay ocasiones, no muchas, en las que necesitamos beber algo de sangre.- responde retomando la marcha al ver que el sol empieza a tener más fuerza- Y tiene que ser sangre humana.

Reina retoma la marcha en silencio. Se queda un poco más atrás analizando toda la información.

-Sé que es difícil de creer, pero es verdad.- sigue Shuuka al ver que no hay respuesta de parte de Reina.

-¿Y Karen-chan?- pregunta confusa analizando la situación.

-Ella es humana.- respira hondo- Si te lo preguntas, nunca he bebido de ella.- habla seria- Nunca lo haría.

-¿Y de mí?

Esta pregunta hace que Shuuka detenga la marcha. Se ha quedado sin expresión por su tono de voz. ¿Le tiene miedo?

-Nunca te forzaría a hacerlo.- responde, con la misma seriedad, sin darse la vuelta- Por eso no lo he hecho.- se gira al terminar de hablar- Necesito irme.- le dice casi como súplica al seguir todavía con impulsos.

-¿Me dejas ayudarte?- le pregunta al ver que se encuentra mal.

-¿Lo harías?- se sorprende.

-Si puedo hacerlo, ¿por qué no?- le acaricia la mejilla.

-Gracias.- le agradece dándole un beso.

—-FIN

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Deseo oculto

Capítulo 7

 

Entreabrió los ojos todavía somnolienta. Al notar que no se encontraba en su habitación miró a su alrededor aturdida por un ligero mareo y pequeños pinchazos en su cabeza. Lo primero que vió fué la enfermería, después, al notar peso a un lado de la cama, vio a Yumi completamente dormida. Tenía los brazos cruzados encima de la cama, su cabeza reposaba sobre éstos y el resto del cuerpo descansaba sobre una silla. No pudo evitar que una sonrisa tierna se dibujara en su rostro al ver a su amiga velando su sueño. Un ligero movimiento le indicó que no se encontraba sola. Sentada en una silla frente una de las mesas  de la enfermería se encontraba Yolanda, que había dejado de escribir en su cuaderno al notar la actividad de la chica.

—Hola Aelita. ¿Cómo te encuentras? —preguntó en voz baja dirigiéndose hacia donde se encontraba la joven.

-Un poco mareada, pero estoy bien -respondió Aelita con una sonrisa.

-Sí, parece que ya te ha bajado la fiebre -informó posando una mano sobre su frente. Aelita desvió la mirada hacia Yumi inconscientemente. -Se ha pasado aquí todo el día… debe de estar cansada.

—Umm… —asintió Aelita.

—¿Por qué no la despiertas?

De repente, las imágenes del sueño de la noche anterior llegaron a la mente de la joven. Cómo Yumi irrumpía en su cuarto y le pedía hablar con ella… y como se acercaba para besarla y ella seguía con los besos queriendo…

—¡N-no hace falta! —respondió con la cara completamente roja. —Si está cansada es mejor dejarla dormir. —Yolanda clavó en ella una mirada inquisitiva.

—¿Que ha ocurrido algo?

—N-no… —respondió con voz vacilante.

—Aelita, sabes que me lo puedes contar. Te ayudaré en todo lo que necesites.

En ese momento la noticia del periódico de Kadic sobre la señorita Perraudin y la señorita Meyers acudió a la mente de Aelita. “Pensándolo mejor… puede que ella sepa aconsejarme…”

—Pu-pues… es que yo… —Un ligero gemido proveniente de Yumi interrumpió a la muchacha.

—Tranquila, creo que ya se lo que te ocurre, y para solucionarlo… —Yolanda se acercó al oído de Aelita para decirle unas últimas palabras antes de que Yumi abriese los ojos.

—Buenos días, aunque creo que debería decir tardes —bromeó la enfermera.

La alegría iluminó el rostro de Yumi al ver a Aelita despierta. Hizo ademán de abrazarla, sin embargo, al ver su cara pensativa se detuvo. “¿Qué le ocurre?” pensó Yumi mientras la observaba.

*               *               *

Todavía faltaba una hora para que Rosa, la cocinera de Kadic, sirviera la cena. Así que, las  dos chicas, decidieron dar una vuelta por el patio del recinto antes de despedirse.

Yumi, no dejaba de observar a Aelita tratando de discernir por qué se comportaba de esa forma. Des de que se había despertado en la enfermería había estado actuando de forma extraña. La evitaba con la mirada, jugueteaba con los cordones de su vestido con nerviosismo, no conseguían entablar conversación alguna… además se encontraba distraída, como si su mente se encontrara en otro sitio.

En ese momento las palabras de la señorita Perraudin aparecieron en su mente. “Averiguar si ese problema es mútuo…” pensó en esas palabras como si tratase de descifrar una adivinanza. ¿Cómo podría lograrlo? Ella siempre había sido directa, pero… ¿Y si se adelanta? ¿Y si ése no era el momento? ¿Y si no era la forma? ¿Se alejaría de ella si lo hiciera?

Aelita, por su parte, estaba hecha un manojo de nervios debido a la red de pensamientos que había formado un nudo en su mente. Las palabras de la enfermera resonaban en su mente como si la golpeasen con la pura realidad. “Y para solucionarlo… ella ya tiene claro sus sentimientos, ¿y tu?”. No obstante, Jeremie aún estaba presente en su corazón, aún tenía la esperanza de que todo pudiera volver a ser como antes, pero… La imagen de la caverna llegó a la mente de Aelita. Yumi, completamente empapada debajo de ella, observando todos sus movimientos con detenimiento, mientras ella, se dejaba arrastrar por las profundidades de sus ojos negros… Muchas veces habían estado en esa posición, muchas veces había pasado lo mismo, sin embargo, algo había cambiado. ¿Por qué ahora la chica le producía esos sentimientos? ¿Por qué cuando estaba con ella se olvidaba de Jeremie? ¿Por qué cada vez que sus ojos la encontraban volvía a recrear su sueño deseando que se volviese real?

¿Qué era lo que quería? ¿A quién prefería? Su mente se detuvo en el chico, tímido, parado, inteligente… pero a la vez egoísta, egocéntrico, aburrido… ¿Qué sentía por él exactamente? ¿Era amor o tan sólo admiración por quién le había rescatado de XANA? Su mente la devolvió a la conversación que tuvo con Yumi el día anterior. “Tal vez sea yo la que tiene el problema…”. Los problemas con Jeremie empezaban a afectar a su amiga… le causaba daño, sin embargo, si rompía la relación con el chico arruinaría su vida. Se detuvo a pensar en su amiga, alta, atractiva, cariñosa, maternal, leal… siempre podía contar con ella cuando la necesitaba… no obstante, no era sincera con sus propios sentimientos y era muy orgullosa. “Pero núnca has tenido problemas por eso, en cambio con Jeremie, ya sabes que cada dos por tres tienes un problema” le dijo una voz en lo más profundo de su mente. Pero si dejaba a Jeremie, le rompería el corazón, además habían pasado tantas cosas juntos… no podía terminar así sin más, debía arreglar las cosas y seguir con el. Pero entonces, ¿qué pasaría con Yumi? ¿Cómo se sentiría ella?

—A-Aelita… yo —empezó a decir Yumi maldiciendo la vacilación en su voz.

—Yumi… Te haría daño, ¿verdad? —la cortó con expresión severa.

—¿Qué? —preguntó Yumi parándose en seco para mirarla.

—¿Yumi, qué puedo hacer? —Aelita se giró hacia su amiga con la mirada gacha. —No sé qué es lo que debo hacer, haga lo que haga os haré daño a alguno de los dos —dijo en tono desesperado.

—Aelita, ¿qué estás diciendo? —La muchacha la miraba sorprendida ante el cambio de actitud.

—No quiero haceros daño… ¿Qué debería hacer?

—¿Hacernos daño? ¿De qué hablas? Tienes que hacer lo que quieras hacer. Está bien eso de intentar no hacerle daño a la gente, pero no tienes que amargarte la vida por ello.

—Pero esque…

—¡¿Quieres dejar de pensar tanto en los demás y decidir de una vez lo que quieres hacer?! —exclamó la muchacha furiosa. —Si quieres irte con él hazlo de una vez. No te lo voy a impedir. Adelante, ve y sigue con tu vida de discusiones por tonterías —Yumi apartó la mirada de Aelita. —Y no sé por qué dices que me harías daño, si a mi…

—¡Por qué sé que sientes algo por mi! —Aelita centró su mirada en la muchacha que había detenido sus palabras y la miraba perpleja. —L-la enfermera… me lo dijo. Es cierto ¿Verdad?

Yumi cerró los ojos y suspiró lentamente tratando de calmarse. “Esa estúpida enfermera…” pensó con rabia.

—¿Y qué si lo és?

—Pu-pues qué…

—Aelita, el problema sigue siendo el mismo. Lo que yo sienta o deje de sentir no te incumbe —declaró apartando la mirada

—Sí que me incumbe. Yo… —Aelita detuvo sus palabras al darse cuenta de lo que iba a decir.

—¿Tú, qué? —la animó Yumi exasperándose.

—Dejalo. Me voy a la cafetería —anunció alejándose sin mirar a la chica.

Yumi tuvo el impulso de detenerla, no obstante la dejó alejarse ya que sabía que no era buena idea. Sentía que su amiga no era honesta con sus sentimientos, sin embargo, tampoco quería albergar en su corazón esperanzas de que “ése problema” fuése mútuo.

—Me das asco —la sorprendió una voz. Yumi se giró y vió a Ulrich saliendo de entre los árboles.

—¡¿Nos has estado espiando?! —preguntó incrédula.

—Sí

—¿Pero cómo puedes ser tan cínico e infantil? —los ojos de Yumi ardían de furia

—¿Y tú cómo puedes ser tan egoísta? A Jeremie le gusta Aelita, además, es una chica como tú.

—Y tú eres un imbécil y aún así salí contigo. Creo que con una chica estaría mucho mejor —escupió con ironía. Se cruzó de brazos y le miró con cara desafiante.

—¿Cómo puedes decir eso? Eres repugnante —comentó con rabia.

—¿Repugnante? Más lo sois tú y Jeremie. Me culpas por algo que yo no he buscado, ya que yo no soy la que se ha comportado como una estúpida alejando a las personas que quiero de mi lado. —Sus palabras poseían tal seguridad que la mente de Ulrich se bloqueó sin saber qué respuesta dar.

—Yo no soy el que va por ahí tonteando con las parejas de otros.

—No, tú eres el que tontea con Sissi mientras estabas conmigo para conseguir lo que querías.

—¡Yo no tonteaba con Sissi!

—¿Aaah, no…? ¿Y cuando le pediste que se hiciera pasar por mi en la foto de curso? ¿O cuando la utilizabas para darme celos?

—E-eso era…

—Ulrich, haz lo que quieras, pero procura no entrometerte donde no te llaman —advirtió con tono amenazante mientras daba unos pasos para alejarse.

—Por si no lo sabias, Jeremie es mi amigo y no puedo permitirte que le hagas eso. —La detuvo cogiéndola de la mano. —Además, eres tú la que se está entrometiendo en una relación.

—¡Ulrich, te lo advierto, dejame ir! —Notaba como la ira se apoderaba de sus mejillas enrojeciéndolas, sin embargo, no hizo ademán de soltarse.

—¡No! No se lo que te está pasando, pero deja ya esta tontería. Estás yendo demasiado lejos. Primero te alejas de mí, luego veo el libro lésbico que escondías… y ahora lo de Aelita. ¿Por qué…

—¿Has estado rebuscando entre mis cosas? —cortó sin poder salir de su asombro. Ulrich soltó a Yumi ante la expresión en su rostro —Vete de aquí —siseó llena de rabia.

Ulrich dió unos pasos hacia atrás intimidado por la chica. En sus ojos relucía una furia jamás vista por el chico. ¿Por qué se enfurecía tanto cuando era ella la que lo estaba haciendo mal?

—Esto no quedará así…

Tras esas palabras Ulrich se alejó enfurecido. Yumi no podía dar crédito al comportamiento de su “amigo”. ¿Cómo podía ser tan inmaduro? Le dió un puñetazo a un árbol, respiró hondo varias veces tratando de calmarse y se fué a su casa a paso rápido tratando de no sucumbir ante la tentación de ir tras el chico para darle una paliza.

*               *               *

Unos suaves golpes en la puerta hicieron que entreabriese los ojos sorprendido. Se levantó de la cama y dejó entrar a la persona que le llamaba.

—¿Ulrich, qué haces aquí?

—Jeremie, tengo que hablar contigo.

—¿Qué? ¿Sobre qué? —preguntó poniéndose las gafas y sentándose en la cama. —¿No puede esperar a mañana?

—No…  es sobre Aelita y Yumi —anunció con gravedad tras unos segundos.

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