Deseo oculto

Capítulo 4

 

Yolanda Perraudin recorría los pasillos de la academia Kadic en dirección al despacho de Jean-Pierre Delmas. La llamada del señor Delmas a su despacho no había sido ninguna sorpresa para la enfermera, ya que esa misma mañana había leído las noticias del periódico de Kadic. Pese la trascendencia de la situación, los pasos de la mujer eran sosegados y su expresión, serena; cosa que distaba de lo que sentía realmente. Durante siete años había mantenido una relación con Dana Meyers en total discreción dentro del ámbito laboral, es más, llevaban casadas un año y ninguno de sus compañeros se había dado cuenta, siquiera, de una posible atracción entre ellas.

Esa actitud no se debía a algún problema de aceptación de sí misma o de los demás, sino que, según su opinión, se debía separar el ámbito laboral con el emocional. Decisión que le había llegado a ocasionar más de una discusión con su cónyuge. Sin embargo, siempre había logrado su propósito. Hasta que dos… “granujas” las habían descubierto en medio de un arrebato pasional por parte de su compañera y no tuvieron mejor idea que esparcir la noticia por toda la academia. “Esta Dana…” suspiró para sí misma presionando levemente el puente de su nariz con los dedos. No obstante, tenía la certeza de que la culpa no fue de su acompañante, desde un principio conocía la ardiente actitud de su esposa e intuía que no siempre esquivarían a sus alumnos. Tendría que haberla detenido hasta después de cerciorarse que no habían ojos que no debían verlas observando.

Llegó hasta la puerta del despacho de Jean-Pierre, saludó a Nicole Weber, la secretaría de la escuela, y tras un gesto de permiso por parte de ella, abrió la puerta del despacho para dirigirse hacia su sentencia con paso firme.

Sus ojos se dirigieron directamente al hombre que se encontraba de espaldas mirando a través de la ventana, evitando así, la mirada apenada que le ofrecía Dana desde su asiento. El periódico de la escuela se encontraba encima del escritorio que la separaba del director, abierto por la página que protagonizaban. Yolanda se quedó de pie, a un par de pasos de la mesa, con expresión impenetrable.

—¿Saben señoritas? Me siento decepcionado —empezó a hablar el hombre dándose la vuelta para mirarlas. —Esta actitud discierne muchísimo de los valores que intentamos inculcar en este colegio ¿Podríais darme alguna explicación convincente? —demandó con expresión severa.

—F-fue un desliz… no sabíamos… —empezó a explicar Dana con voz vacilante.

—¡¿Un desliz?! ¿Sabéis acaso el alboroto que está montando esta noticia entre los alumnos del campus? —recriminó dejando caer las manos sobre la mesa e inclinándose sobre ésta. —Si esta noticia se filtra a otros colegios o incluso al ministerio de educación no tendré más remedio que suspenderlas de empleo y sueldo —concluyó subiéndose las gafas mientras las miraba fijamente.

—Lo entendemos señor Delmas. Sentimos las molestias que hayamos podido causarle y aceptaremos la sanción que se decida sea cual sea —anunció Yolanda con tono profesional. El director asintió con un leve movimiento de cabeza.

—Me congratula escuchar sus palabras señorita Perraudin. A decir verdad, no me encuentro en disconformidad ante el tipo de relación que ustedes dos poseen. Yo como hombre comprensivo, tolero el amor entre mujeres al igual que otro tipo de… amores. No obstante, no podrán negar que ese tipo de relación…

—Disculpe que le interrumpa señor Delmas, sin embargo, me veo en la obligación de informarle que lo que usted acaba de decir es ofensivo para nosotras —empezó a decir la enfermera con tono neutro. —Sus palabras me hacen entender que usted insinúa que el amor entre dos mujeres es distinto al de un hombre y una mujer.

—B-bueno… yo no quería… —intentó defenderse el sorprendido director.

—Con todo el respeto que me veo capaz de ofrecerle he de manifestar que su visión de “otros tipos de amores” es incorrecta, y agradecería que no volviese a utilizar palabras tales como “tolerar un amor” o “ese tipo de relación” refiriéndose a otras sexualidades que no se refieran a la atracción entre un hombre y una mujer. Ya que, al ser términos despectivos, se convierten en una ofensa para nosotras y podríamos llegar a denunciar a las autoridades sobre su opinión ante este tema dejando que ellas mismas decidan cual es la mejor solución para resolver este altercado. —Con toda la humildad con la que fue capaz, Yolanda deseó haber hecho una foto de la cara de Dana y Jean-Pierre al escuchar sus palabras. La sorpresa era notable en ambos.

—S-se… ¡Será posible esta actitud! —Tras unos segundos el asombro del director Delmas desapareció dando paso a la ira. —¡Fuera de mi vista! ¡Las dos! —Las últimas palabras fueron escupidas de sus labios con el veneno más mortífero que pudo.

Las dos mujeres salieron del despacho y empezaron a andar por los pasillos de la academia. Al torcer una esquina, Dana detuvo a Yolanda cogiéndola del brazo.

—¿Q-qué ha sido eso? —inquirió todavía sorprendida. En sus ojos relucía un brillo de preocupación mezclado con admiración.

—Sabía que si yo no interrumpía a Jean-Pierre soltarias alguna de tus imprecaciones y le ofenderias aún más de lo que yo lo he hecho —la reprendió con mirada seria.

—Lo siento… —se disculpó la profesora en voz baja agachando la mirada. Yolanda se acercó a Dana con paso seguro, mirando a su alrededor para asegurarse de que no hubiesen ojos curiosos acechando.

—No te preocupes —aseguró la enfermera levantándole la cara para hacer que la mirara a los ojos. —Me encanta esa parte de ti —declaró antes de darle un electrizante beso en los labios y desaparecer por los pasillos del edificio como si nada hubiese pasado.

*               *               *

Tamiya levantó la mirada al escuchar el ruido del picaporte. Milly entró en la habitación, evitando a Tamiya con la mirada, y se dirigió hacia el armario dónde se encontraban sus pertenencias. “Aún està enfadada…” se dijo Tamiya al observar el comportamiento de su compañera.

La chica empezó a rebuscar en uno de los cajones de la parte baja del armario, sin saber que coger exactamente. La presencia de su amiga le había pillado por sorpresa haciendo que su corazón diese un vuelco nada más verla. Mientras seguía con la farsa se tomó unos segundos para calmarse. Necesitaba salir de ahí con alguna excusa, encontrar “eso que estaba buscando” y huir de la habitación antes de que Tamiya se diese cuenta de la verdadera razón por la que la evitaba.

Tamiya dejó la revista a un lado y se incorporó hasta quedar sentada en la cama. Su mirada observaba sin perder detalle a su amiga mientras su mente trabajaba lo más rápido que podía para encontrar el modo de conseguir el indulto por parte de su compañera. No podía permitirse seguir en esa situación, ver cómo la muchacha mostraba tal indiferencia por ella le desgarraba el alma. No obstante, cualquier idea que nacía en su mente era desechada rápidamente por miedo a delatar sus sentimientos.

Milly respiró profundamente un par de veces antes de coger un objeto al azar, meterlo en su pequeño bolso y dirigirse hacia la puerta. Al darse la vuelta hacia la salida miró por el rabillo del ojo a su amiga, que la observaba casi sin parpadear. “¿Qué le ocurre?” se preguntó. Saboreó la idea de dejarlo todo a un lado e ir junto a Tamiya, abrazarla, disculparse y pedirle que no se volviesen a separar nunca más. No obstante, sus mejillas ardieron ante tal pensamiento haciendo que sus pies se detuviesen unos segundos. “P-pe-pero e-en qué clase… en que e-estoy pensando”. Como si nada hubiese aparecido por su mente siguió andando hacia la puerta.

“Vamos Tamiya, actúa de una vez” se decía a sí misma la joven sentada en su cama. Observó con desesperación cómo su amiga sujetaba el pomo de la puerta y la abría para desaparecer tras ella. Las palabras sucumbian antes al llegar a sus labios y su cuerpo se encontraba estancado en la cama… Milly cerró la puerta alejándose de la habitación.

Los pensamientos de Tamiya se acumulaban dentro de su mente. “Tarde.” “Ya no puedes hacer nada.” “La estas perdiendo.” “¿Segura?”. Ese último pensamiento dejó eco en su cabeza haciendo que levantase la mirada con renovada determinación. Impulsada por una nueva fuente de energía, la muchacha salió de la habitación en busca de su amiga.

Milly avanzaba con pasos cortos y pesados hundida en las profundidades de su mundo. “Es mejor así” se repetía una y otra vez. No obstante, esos pensamientos no pudieron detener el río de lágrimas, confusas y tristes, que impregnaban su rostro. La joven llegó hasta las escaleras y apoyó una mano lenta y pesada en la barandilla mientras con su otra mano se secaba las lágrimas.

—¡Espera Milly! —escuchó des del fondo del pasillo que acababa de abandonar.

“Oh no, es Tamiya…” pensó mientras su cuerpo se precipitaba atolondradamente por las escaleras. Milly empezó a bajar los escalones de dos en dos y de tres en tres, para que su amiga no la alcanzase. No tenía muy claro porque estaba huyendo de ella, sin embargo, tenía la sensación de que si volvía a mirarla a los ojos para ver aquella decepción… su cuerpo no podría responder ante la llamada de la razón y la cordura. Cuando el suelo se separaba de ella por dos escalones, Milly se tropezó dándose de bruces contra el.

Tamiya llegó justo a tiempo para ver a su amiga derrumbarse al final de las escaleras.

—¡¿Milly, estas bien?! —Preguntó preocupada, llegando junto a ella. Su compañera se levantó con algo de dificultad e intentó escapar de la situación, no obstante, Tamiya, que ya se lo esperaba, le cerró el paso con su brazo. —Espera, no te vayas. —Empezó a decir acercándose cada vez más a ella. —¡Siento muchisimo lo del otro día! Es verdad que no se que piensas, ni qué opinión tienes para cada tema… Pero es que en ningún momento me imaginé que tú podrías llegar a pensar de esa forma en las relaciones entre mujeres…

Llegó un momento en el que Milly dejó de centrarse en las palabras de su amiga para prestarle más atención a su cuerpo y poder evitar cualquier acto indebido. Tamiya la había acorralado contra la pared y sin darse cuenta estaba robándole todo su espacio personal. Su corazón latía más rápido de lo que creía capaz, había agachado la mirada para dejar de ver los ojos llenos de desesperación de su compañera, su cuerpo empezaba a temblar cada vez que inhalaba el olor de su amiga y notaba más cerca su cuerpo. La muchacha dio un respingo al notar las manos de su amiga a cada lado de su rostro, sin embargo pudo contener el levantar la mirada. Tras otro paso de Tamiya hacia ella, dió un paso hacia atrás chocando contra la pared. “¿Qué puedo hacer para salir de aquí?”.

—…¿Qué dices Milly, podrías llegar a perdonarme? —preguntó finalmente su amiga.

—E-eeh… ¿Qué…? —balbuceó Milly volviendo de golpe a la realidad.

—Por favor, Milly, perdóname… —repitió colocándole una mano en la barbilla y obligándola a mirarla a los ojos. Esos ojos marrones que la absorbían de tal manera.

El rostro de Tamiya se encontraba a escasos centímetros del suyo, erizandole la piel al compás de su respiración. Su corazón había perdido el control ante esa escena, y su razón, ante aquella mirada… Sin ser del todo consciente, Milly rodeó la cintura de su amiga acercandola más a ella, para notar aún más el cuerpo de Tamiya. Se acercó a su rostro poniéndose de puntillas.

—Estabas perdonada des del momento en el que me miraste a los ojos… —Susurró acercándose aún más a ella. Tamiya, completamente sorprendida, había dejado caer una mano y la otra la había posado sobre el hombro de su amiga para evitar caerse.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —dijo una voz grave y autoritaria. Milly, sorprendida por lo que ella misma estaba haciendo liberó un poco a Tamiya de su agarre y dejo caer la vista al suelo.

—A-aah… Ho-hola Jim —empezó a decir Tamiya. —Pues, esque Milly se encontraba un poco mal… ¿pero sabes qué? ¡Tienes toda la razón! Un paseo no es el mejor remedio para un dolor de cabeza, así que me la llevo de vuelta a la habitación. Muchisimas gracias Jim ¡Eres el mejor! —inventó la muchacha, rezando para que el truco funcionara mientras arrastraba a Milly hasta la habitación.

—¿Eehh? ¡Aah, sí, por supuesto!¡De nada! —dijo Jim alabando internamente su actitud como educador.

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One Response to Deseo oculto

  1. mairemegami says:

    Un aplauso para la respuesta de Yolanda =3 !!! Ole ole *.* Y encima, gracias a eso, parece que se han librado de la sanción!!! >.<
    Y… por qué ha tenido que aparecer Jim??? 😱 El momento era dioooos!!! *.*

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