Sedienta (HikarixYuki)

Suena el timbre indicando el descanso, así que empiezo a recoger todas mis pertenencias para irme del aula. Al salir por la puerta me encuentro con Machi y Hikari que están esperándome con el almuerzo en la mano. Cierro los ojos esperando a que Hikari se lance contra mí para abrazarme, sin embargo, esa embestida nunca llega.

-Hola Yuki ¿Qué tal las clases? -me pregunta Machi con tono amable.

-Aaah… bien -respondo distraída mientras observo a Hikari. “Tiene mala cara…”. Su piel está más pálida que de costumbre, su expresión y su postura demuestran cansancio y no muestra esa alegría que tanto la caracteriza.

Nos dirigimos a la azotea mientras hablamos de cosas triviales. “Sin duda, Hikari no se encuentra bien”. Desde hace unas semanas noto cómo cada vez mantiene más las distancias conmigo. Ya no me pide morderme por encima de la ropa y a descendido el número de abrazos apasionados que antes me daba… me preocupa.

Terminamos de comer y nos dirigimos hacia los vestuarios. Ahora nos toca clase de educación física. Esta materia nos resulta complicada tanto a Hikari como a mi. Por parte de ella el sol le molesta por sus ojos de vampiro y porque se quema con facilidad, además no le gusta el calor. En cuanto a mi, si mi temperatura corporal sube me causa mal estar llegando al extremo de poder desmayarme… como me pasó una vez a principios de curso. Aunque tampoco le debe de resultar fácil a Machi: como tiene la cabeza separada del cuerpo tiene que realizar todos los ejercicios con más precaución, ya que es más fácil tener puntos ciegos.

Terminamos de cambiarnos y salimos al campo de fútbol junto con los demás alumnos.

-Hoy vamos a realizar una prueba de resistencia, así que correréis todo el tiempo que podáis y se os puntuará según el tiempo y la distancia que habréis hecho ¿Queda claro? -anuncia la profesora en cuanto llega al campo.

Tras un asentimiento general empezamos a dar vueltas alrededor de la pista. Machi se adelanta apenas empezar, por lo que Hikari y yo nos situamos detrás de todos los alumnos. A los cinco minutos noto como mi amiga ralentiza lentamente sus zancadas dándome a entender que le cuesta mantener el ritmo. Bajo un poco la velocidad, lo que provoca que nuestros compañeros más aventajados nos adelanten y que nuestra profesora nos haga una advertencia. No obstante, Hikari no acelera el paso. Noto que le falta el aire y que poco a poco se desvía de su trayectoria haciendo un ligero zig-zagueo.

-¿Hikari-chan, te encuentras bien? -pregunto preocupada.

-No puedo más… sigue tú por mí -dice mientras se deja caer en el suelo. Me detengo brevemente pensando que es una de sus bromas, sin embargo, al ver que su cuerpo se queda inerte en el suelo, corro y me agacho a su lado.

-¡¿Hikari, puedes oírme?! ¡Eeh, Hikari! -visto que no me responde me giro hacia la profesora.- ¡Sensei! ¡Sensei, Takanashi Hikari no se encuentra bien!

La profesora llega a nuestro lado con una botella de agua, examina por encima a mi amiga y le moja el rostro y la nuca. Hikari abre levemente los ojos al entrar en contacto con el agua.

-¿Takanashi, cómo te encuentras?- un débil gemido sale de los labios de Hikari a modo de respuesta.- Kusakabe, llévala a la enfermería- me ordena.

La profesora me ayuda a levantar a Hikari, que, una vez de pie, apoya en mi todo su peso. En ese momento coincido una mirada con Machi, que me observa preocupada. Asiento mientras le dirijo una mirada de seguridad para hacerle saber que todo está bajo control. Por suerte, al estar medio consciente no tengo que cargar todo su peso, así que consigo llevarla lentamente a la enfermería.

Una vez allí, dejo a la chica acostada en una de las camillas, me quedo unos segundos mirándola y, sin poder evitarlo, le acaricio suavemente la mejilla. Al intentar apartar la mano, Hikari la coge y la aprisiona contra su mejilla.

-¡Qué fresquito…! -exclamó con voz frágil mientras cerraba los ojos para disfrutar mejor del contacto con mi piel. Sonrío discretamente ante su actitud, ésa actitud feliz e infantil que tanto me gusta de ella.- Siento haberte preocupado -la miro a los ojos sorprendida ante la seriedad repentina de sus palabras. Cuando logro sobreponerme al asombro niego con la cabeza para quitarle importancia.

-Solamente te he devuelto el favor- le respondo recordando el día en que le pidió a las chicas que hablaban mal de mí que pararan.

Me muestra una amplia sonrisa al escuchar mis palabras, sin embargo no dura mucho, ya que a los pocos segundos su alegría se desvanece vencida por el cansancio. Aparta mi mano de su mejilla, pero la mantiene cogida unos segundos en los que sus ojos se clavan en mi garganta. Traga saliva con dificultad mientras se relame los labios. Siento como el miedo empieza a amenazarme provocándome un escalofrío que me eriza el pelo de la nuca. De repente, como si despertase de un sueño, parpadea un par de veces y me dirige una mirada sorprendida. Libera mi mano con suavidad y me dirijo hacia la salida.

-Nos vemos mañana -le digo con una sonrisa antes de desaparecer tras la puerta. Una vez fuera, sacudo la cabeza tratando de olvidar el sentimiento de terror que aún seguía latiendo dentro de mi.

 

*               *               *

 

Ha pasado una semana desde el incidente de Hikari. En aquel momento pensé que las cosas mejorarían, sin embargo ahora sé que me equivocaba. La chica ha faltado varios días a la escuela, y a cada jornada que pasa la veo más exhausta que la anterior. Hablé con Machi hace un par de días para ver si sabía qué le ocurría, no obstante, está igual de perdida que yo. La única conclusión que hemos conseguido sacar es que si alguien puede saber qué le ocurre a Hikari es el profesor Takahashi.

Por eso, nada más suena el timbre del descanso me dirijo al despacho de biología. Una vez llego al pasillo donde se encuentra veo a Hikari entrando en la habitación. Sin poderlo evitar, me acerco silenciosamente a la puerta y escucho atentamente.

-¿Qué te ocurre últimamente? -pregunta el profesor.

-Estoy muy cansada, como si me faltase energía…

-¿Y eso? ¿Qué ha ocurrido?

-Esque se me ha roto el frigorífico y mi sangre se ha echado a perder -lloriquea la alumna.

-Bueno, no es para tanto, dentro de poco tendrás más sangre, ¿verdad?- Me acerco un poco más a la puerta para escuchar mejor.

-No, en el frigorífico tenía la sangre para tres meses, y… -se forma un breve silencio en el que contengo la respiración.

-¿Ocurre algo? -pregunta el profesor.

-Aaah… no nada…

-Entonces… ¿no podéis vivir sin sangre?

-Suponía que sí… pero me está costando mucho…

-Eso puede ser por haberle quitado a tu cuerpo algo de lo que está acostumbrado.

-¿Qué?

-Todos los días cuando llegas a casa meriendas ¿verdad?

-¡Sí!

-¿Qué ocurriría si un día no merendaras?

-Pues que tendría hambre…

-Eso mismo le está pasando a tu cuerpo.

-¡Aaaahh, lo entiendo!

-¿Y cuanto tiempo llevas sin beber sangre?

-Un mes y medio…

-Eso puede ser problemático.

-¿Por qué?

-No sabemos hasta qué punto te afecta la abstinencia de sangre, así que las cosas podrían empeorar bastante… -el profesor deja pasar una breve pausa- podrías estar en serios problemas si esto va a peor -dice en un tono que pocas veces he escuchado.

Las palabras del profesor junto con su tono resuenan en mi cabeza congelando mi corazón. “No puede ser…”.La imagen de mi amiga inconsciente en el campo de fútbol llega otra vez a mi mente, haciendo que un terror más profundo del que nunca pensé que podría llegar a sentir atenaza mi corazón. Noto cómo un ligero temblor se apodera de mi cuerpo, cómo mis piernas se debilitan amenazando en dejarme caer, como las lágrimas acuden a mis ojos.

Oigo el timbre anunciando el final del descanso y, con todo el esfuerzo de mi ser, consigo sobreponerme a las miles de emociones que bloquean mi cuerpo para irme de allí antes de que me descubran. Durante las clases siguientes mi mente no para de mostrarme imágenes de mi preciada amiga. Su encantadora sonrisa, capaz de eliminar todo tipo de pensamientos negativos, su despreocupada actitud, que la hace impredecible y capaz de solucionar hasta el peor de los problemas, su forma de ser infantil, que con la que consigue hacerse un hueco en el corazón de cualquier persona… “¿Qué haría sin ella?”. Mis ojos se llenan de lágrimas al pensar en que nunca volvería a ver esa sonrisa, ni esa actitud. En que el espacio que ella alberga en mi corazón quedaría sumido en el vacío. Una punzada de dolor invade mi pecho y un nudo de sentimientos se instala en mi garganta. Poco a poco caigo en un mar sin ninguna clase de luz capaz de salvarme.

¡Basta! “No puedo permitir que eso pase -me digo a mi misma impulsada por una nueva fuente de energía- Debo ayudar a Hikari pase lo que pase…”. No obstante, la única forma de ayudar a la chica sería consiguiendo algo de sangre, pero… ¿cómo lo hago? En mi mente aparece una idea algo alocada, no obstante, es la única solución que encuentro al problema, así que me aferro a ella firmemente.

Pasan las últimas horas hasta que, al fin, terminan las clases. Salgo del aula y me reúno con Hikari y Machi, que me esperan al final del pasillo. Juntas, salimos del edificio y recorremos el camino en dirección a nuestras casas. Machi se despide de nosotras al llegar al cruce en el que siempre nos separamos y desaparece calle abajo.

-¡Hasta mañana Yukki! -se despide Hikari mientras se gira hacia la calle a su derecha.

-¡Espera! -la detengo- Quiero hablar contigo de una cosa. -La chica me mira con una sonrisa indicándome que me escucha. -Esto… ¿Podría ser en tu casa…? -le pregunto sin poder evitar que un leve rubor se instale en mis mejillas.

-Esta bien ¡Vamos!

Andamos a través de las calles con silencio. No sé porqué mis nervios aumentan a medida que nos acercamos a su casa haciendo que el sudor de mis pies se congele y la temperatura a mi alrededor descienda levemente. Miro de reojo a Hikari, que anda alegremente por la calle, sin embargo, no puedo evitar fijarme en que sus movimientos son lentos y algo torpes, en las ojeras que se han instalado debajo de sus ojos y en la palidez extrema de su piel, llegando a adquirir un tono amarillento. La desesperación me amenaza en volver a invadir mi corazón al recordar de nuevo la conversación entre Hikari y el profesor. Respiro hondo intentando apaciguar el turbio mar de emociones que trata de arrastrarme.

Llegamos a su casa en la que se encuentra su padre limpiando la cocina.

-Con permiso -saludo tímidamente antes de entrar.

-Papá estaremos en nuestra habitación -anuncia Hikari después de presentarme a su padre.

Subimos las escaleras y entramos en su habitación.

-¿Y bien? -me pregunta tras cerrar la puerta.

-P-pu-pues… esque… yo… -balbuceo sin saber cómo abordar el tema. El nudo en mi garganta se hace cada vez más grande.

-Estás preocupada por mi sed de sangre -adivina con una sonrisa mientras se sentaba en su cama.

-¡¿Eeeh?! ¿Cómo lo…?

-Te escuché mientras hablaba con Takahashi, recuerda que tengo los sentidos más finos que un humano normal -dice con una sonrisa.

-¡Lo-lo siento mucho! -me disculpo mientras hago una pronunciada reverencia.

-Venga, venga, que no pasa nada. ¿Entonces, cómo tienes pensado ayudarme? -pregunta con un brillo divertido en sus ojos.

-Pu-pues… yo… ha-había pensado… en que si quieres… puedes beber de mi sangre -Termino la frase con un hilo de voz y los ojos clavados en el suelo. Al ver que no obtengo respuesta levanto tímidamente la mirada. Me encuentro con una Hikari con el rostro desencajado por la sorpresa.- ¿No puedes? -pregunto mientras mi inseguridad aumenta.

-¡N-no es eso! E-es so-solo que… – empieza a decir con una risilla nerviosa. Piensa en las mejores palabras para decirme lo que quiere al mismo tiempo que su cara se vuelve totalmente roja.- ¿Sa-sa-sa-sabes l-lo que es morder a alguien para mi?

-¿Qué? -pregunto vacilante. Noto que mi plan empieza a fallar. Cierro los ojos intentando hacer memoria, sin embargo, ningún recuerdo me da la solución. Así que tan solo miro a Hikari con ojos confundidos.

-¡¿No lo sabes?! Pu-pues… ¿cu-cuando besas a una persona? -Asiento sin llegar a entender adónde quiere ir a parar.- Morder está entre eso… y el s-se-se-se-sex-sexo.- Hikari aparta la mirada de mí al decir esas palabras con el rostro todavía más rojo.

Pasan unos segundos sin que llegue a asimilar las palabras de mi amiga. Al hacerlo el rubor asalta mis mejillas mientras una parte de mí gritar para que la tierra me trague. ¿Cómo no se ma ha ocurrido antes? No obstante, las palabras de Takahashi-sensei vuelven a irrumpir en mi mente. “Podrías estar en serios problemas si esto va a peor”.

-Pero… ¿Qué pasaría si no bebieras sangre? -le pregunto en voz baja pero seria. Miro a Hikari quien no tiene ninguna intención de responder ante la pregunta. Su rostro sombrío a la vez que pensativo me da toda respuesta que necesito.

Me quedo unos minutos más observándola mientras mi mente recuerda las emociones que me invadieron al recibir su primer abrazo. Cómo vino hacia mí por la espalda y me rodeó con sus brazos mientras acariciaba mi mejilla con la suya. La calidez que consiguió descongelar la coraza de hielo con la que protegía mi corazón, y con la que se había introducido completamente dentro de él. Esa calidez que con el paso del tiempo, se había vuelto mi pequeña adicción.

Su mirada sigue gacha y las de su rostro se habían esfumado, dando lugar de nuevo a un intenso rubor perseverante, mostrándome así una expresión de timidez que pocas veces he visto en ella. Doy unos cuantos pasos hasta situarme delante de mi amiga, le cojo suavemente de la mejilla y hago que me mire.

-¡Hagámoslo! -le digo con determinación.

-¡¿Queeee?!

-¿No decías que mi puntuación para morderme era de un 93? Pu-pues disfrutalo… -trato de bromear para que se relaje un poco.

-Pe-pe-pero… ¡eso era tu brazo! -Parece que mi broma funciona un poco.

-Vamos… cállate… -le digo en voz baja antes de acercarme a ella para darle un tímido beso en los labios.

Cómo si un interruptor se encendiera dentro de ella, Hikari me coge el rostro con brusquedad evitando que me separe y profundiza más el beso. Con una mano me cojo de su camisa mientras con la otra me apoyo en la cama para recuperar algo de estabilidad. Mi temperatura corporal va aumentando a medida que profundiza los besos provocándome ligeros mareos, pero intento sobreponerme a ellos. Sus manos recorren mi cuerpo rápidamente hasta llegar a la parte inferior de mi espalda y me atrae hacia su cuerpo mientras se tumba en la cama. Ahogo un grito de sorpresa ante sus movimientos y pierdo el equilibrio cayendo completamente sobre ella. Intento volver a poner algo de distancia entre las dos, sin embargo, Hikari mete la mano por debajo de mi camisa y la posa en el centro de mi espalda. Baja lentamente la mano mientras presiona con sus uñas sobre mí. Un gemido sale de mi garganta provocado por una mezcla de dolor y deseo.

-No hagas nada sin mi permiso -susurra con voz gélida en mi oído.

Un escalofrío recorre mi cuerpo ante sus palabras. Con una mano me coge el rostro acercándolo al de ella para volverme a besar mientras que, con el otro brazo me rodea la cintura evitando que pueda escapar. Con la yema de los dedos me acaricia la mejilla, recorre lentamente mi cuello y llega hasta el primer botón de mi camisa, provocando que un ligero gemido salga de mis labios. Desabrocha el botón y vuelve a acariciarme el cuello mientras muerde mi labio con ansia.

Me empuja levemente haciendo que me siente sobre la cama separandome de ella. Sin poderlo evitar, me aferro a ella notando como pierdo las fuerzas debido al calor. “Aguanta un poco más” me ordeno a mí misma. Sin embargo no sabría decir si ese pensamiento se debe a que Hikari aún no ha bebido de mi sangre o a la pasión que invade completamente mi cuerpo. La chica se arrodilla sobre la cama delante de mí, posa sus manos en mi cintura y me atrae una última vez hacia ella para besarme. Se separa de mí y hace que me siente al borde de la cama. Se sitúa detrás de mí, mete las manos por debajo de mi camisa y con sus uñas recorre mi vientre dejando marcas rojizas mientras muerde suavemente el lóbulo de mi oreja.

-¿Estás lista? -susurra provocándome otro escalofrío. Asiento casi imperceptiblemente mientras mi respiración se acelera al pensar en lo que vendrá.

De un tirón suelta dos botones de mi camisa y la desliza por debajo de mis hombros, descubriendolos completamente. Me coge las muñecas y me las sujeta con una mano detrás de mi espalda mientras desliza su otra mano por el interior de mi camisa. Recorre mi cuerpo desde la parte derecha de mi vientre hasta mi hombro izquierdo pasando entre mis pechos, y me atrae más a su cuerpo, evitando así que pueda escapar en algún momento. Seguidamente con su lengua recorre lentamente mi cuello hasta sentir el flujo de mi sangre corriendo por mis venas. Noto como sus colmillos penetran mi piel haciendo que mi cuerpo se tense de dolor. Al notar mi reacción, aprieta con más fuerza mi cuello haciendo que un gemido de puro dolor salga de mis labios.

Tras unos segundos Hikari se separa de mí liberándome y me empuja hasta acostarme sobre la cama. Observo la comisura de sus labios manchados levemente con mi sangre. Entonces se pone encima de mí y se acerca para besarme de nuevo. Sin embargo, debido al movimiento brusco, la habitación empieza a dar vueltas a mi alrededor.

-Hi-Hikari… -susurro mientras intento recuperar el aliento. -No puedo más… -anúncio deteniendo sus actos.

Como si despertase de un sueño, Hikari parpadea un par de veces y, al ver en la posición en la que se encuentra, se separa de mí de un salto.

-¡Lo-lo-lo-lo siento…! -empieza a decir con voz desesperada y el rostro enrojecido al ver lo que había hecho.

-Tranquila, no pasa nada -intento tranquilizarla.

Veo cómo busca desesperadamente en un cajón de su mesita mientras balbucea nerviosa. Coge un pañuelo y me lo tiende para limpiarme la sangre del cuello. En ese momento le cogo la mano con la que sujeta el objeto y tiro de ella hasta que cae sobre la cama, junto a mí.

-Cálmate, no pasa nada. Tan solo abrázame -le pido con un susurro.

Poso mi cabeza sobre su pecho sintiendo como su acelerada respiración se calma poco a poco. Rodeo su cintura con el brazo y escondo el rostro en su hombro al ver que Hikari acerca el pañuelo a mi cuello. Un fuerte pinchazo recorre mi cuerpo al notar cómo presiona sobre mi herida. Un suave gemido de dolor se escapa de mis labios sin que pueda llegar a detenerlo. Tras unos minutos aparta la mano de mi cuello y me rodea la espalda atrayéndome suavemente hacia ella, ofreciéndome así el más tierno abrazo que nunca en mi vida he recibido.

-Gracias, Yukki… -me susurra antes de darme un tierno beso en la frente.

Siento como la calidez invade mi corazón lentamente, satisfaciendo mis deseos de ella. Mi corazón late fuerte contra mi pecho y mi cuerpo tiembla suavemente. Sin embargo, por primera vez en más tiempo del que pensaba, todo mi ser vibra de felicidad.

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2 Responses to Sedienta (HikarixYuki)

  1. mairemegami says:

    *.* Uaaaa!!!! Me encantaaaa >.< Una nevera rota lo que ha conseguido *.* El momento de "Disfrútalo" me ha parecido entre kawaii y divertido ^.^ y lo de "No hagas nada sin mi permiso" +.+ ha sido DIOOOOS!!!
    Qué mal lo del mareo -.- pero el final es súper tiernooo *.*

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    • youtei says:

      Jajajajaja, si! Lo de “Disfrútalo” lo puse por que me pareció gracioso y lo de “No hagas nada sin mi permiso” lo puse por que Hikari en el anime, cuando hablaba de beber sangre mostraba una parte muy sádica y dominante XD
      Si… supuse que si al subir la temperatura corporal se mareaba, en ese momento también debería de marearse (*^:^)

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